HOMBRE APROXIMADO : UNA EPOPEYA PARA EL SIGLO XX

I

Esta versión : antecedentes y circunstancias


Aun cuando Tristan Tzara siempre fue muy minucioso y perfeccionista en la elaboración de sus poemas, como muestran las numerosas tachaduras, correcciones y adiciones que se pueden observar en todos sus manuscritos, la confección de este magno poema épico fue la que más tiempo le llevó y se dilató a lo largo de varios años, concretamente entre 1925 y 1930. Está compuesto por XIX cantos que, exceptuando 5, se fueron publicando en diferente revistas de la época, que a continuación se especifican :

El Canto I aparece por primera vez en la entrega de junio de 1928, en La Revue Européenne.
El Canto III vió la luz, en el número correspondiente a abril-mayo de 1925, en Les Feuilles libres.
El Canto IV se publicó el 15 de septiembre de 1929, en Variétés.
El Canto V fue incluido en la revista La Vie des lettres, en 1925.
El Canto VIII fue publicado en febrero de 1931, también en La Revue Eropéenne.
El Canto IX se dio a conocer en el número de Sélection de noviembre de 1925.
El Canto X formó parte de la entrega de mayo de 1929 de Bifur.
El canto XI apareció en Documents Internacionaux de l’Esprit Nouveau. en enero de 1927.
En julio de 1927 se incluyó en Integral el Canto XIV.
La prestigiosa The Little Revue en primavera de 1926 publicó el Canto XV.
El Canto XVI fue recogido, en primicia en la primavera de 1929, por la publicación Orbes.
En junio de 1930 fue la revista Transition la que adelantó el Canto XVII.
Y, por último, el canto XIX apareció el 15 de diciembre de 1929 en La Révolution Surréaliste.

La obra completa se publicó por primera vez el 30 de marzo de 1931 por la editorial Fourcade con una ilustración de Paul Klee. Es reseñable, y síntoma de la importancia que en su día los artistas concedieron a la figura de Tzara, que las primeras ediciones de todos sus libros fueron ilustradas por los más famosos pintores de la época, Janco, Giacometi, Arp, Duchamp, Dali, Miró, Picasso, Kandinski o Paul Klee, un elenco realmente impresionante, y del que no existe parangón en ningún poeta de la historia. Es éste el poemario más famoso, y uno de los pocos traducido de todos los de componen la ingente producción de Tristan, y es considerado como hito fundamental del surrealismo y de la poesía del siglo XX.

Haciendo un ejercicio de literatura comparada podemos afirmar que , su influjo en la poesía francesa es equivalente, en cuanto a importancia y repercusión con Los Cantos de Ezra Pound o La Tierra Baldía de Thomas Stern Eliot en la poesía inglesa y con Altazor de Vicente Huidobro en la española, similares incluso en su división en cantos, si bien el el libro de Huidobro consta de 7 cantos frente a los XIX del de Tzara, se publicaron en el mismo año (1931), ambos se centran en la caída del lenguaje y en una búsqueda de la identidad, crean desde la nada o desde los límites de la nada, y se apropian del caos.


El proceso de negociación con el, entonces, director literario de la editorial, Jean Cassou fue complejo y, como curiosidad, tras la publicación del libro, con una muy escasa tirada, desapareció la empresa editorial, a dilucidar si hubo relación causa efecto. Hombre aproximado constituye el eslabón entre las etapas dada y surrealista, en un período en que, tras las pertinentes disculpas de Breton, Tzara se integraba aunque de manera parcial en el grupo surrealista, y en opinión de Marcel Raymond, es la única obra poética de gran altura que se puede adscribir con justicia al surrealismo.


Durante este ínterin hasta la total ruptura posterior con Tzara, André Breton redactó el Segundo Manifiesto del Surrealismo donde escribe : «Dicho esto, sentimos la urgencia de hacer justicia a un hombre del que estuvimos separados durante muchos años, que la expresión de su pensamiento todavía nos interesa, que a juzgar por lo que aún podemos leer sobre él, sus preocupaciones no nos han resultado ajenas y que, en estas condiciones, tal vez haya motivos para pensar que nuestro desacuerdo con él no se basaba en nada tan grave como hubiéramos podido creer. Es indudablemente posible que Tzara, quien a principios de 1922, época de la liquidación del movimiento Dadá, ya no estaba de acuerdo con nosotros sobre los medios prácticos de continuar nuestra actividad conjunta, fuera víctima de prejuicios excesivos que teníamos, como resultado, contra él – él también tenía prejuicios excesivos contra nosotros – y que, durante la demasiado famosa representación del Coeur à gaz, para que nuestra ruptura tomara el giro que conocemos, le bastó con un gesto desafortunado sobre cuyo significado declaró – me he enterado de esto hace poco – que nos habíamos equivocado. Por mi parte, estoy muy contento de mantener esta versión y por ello no veo ningún motivo para no insistir, junto con todos los que estuvieron implicados, en que estos incidentes se olviden. Dado que estos hechos tuvieron lugar, creo que la actitud intelectual de Tzara sigue siendo clara y que sería una actitud de mente estrecha no reconocerla públicamente. En lo que a nosotros respecta, mis amigos y yo quisiéramos mostrar con esta comparación que lo que guía nuestra conducta en todas las circunstancias no es nada menos que el deseo sectario de hacer prevalecer a toda costa un punto de vista que ni siquiera le pedimos a Tzara que comparta en su totalidad, sino más bien la preocupación de reconocer el valor, lo que es valor para nosotros, allí donde está. Creemos en la eficacia de la poesía de Tzara y también podríamos decir que la consideramos, fuera del surrealismo, la única verdaderamente situada. Cuando hablo de su eficacia quiero decir que actúa en el ámbito más amplio y que supone hoy un paso marcado en dirección a la liberación humana. Cuando digo que está situada, se entiende que la opongo a todo lo que podría ser tanto de ayer como de anteayer: en el primer rango de las cosas que Lautréamont no hizo completamente imposibles, está la poesía de Tzara. De nos oiseaux acaba de publicarse y, afortunadamente, el silencio de la prensa no detendrá tan pronto sus fechorías. Así que, sin necesidad de pedirle a Tzara que se recupere, nos gustaría simplemente animarle a que haga su actividad más evidente de lo que ha sido en los últimos años. Sabiendo que él mismo estaba deseoso de unir sus esfuerzos a los nuestros, como en el pasado, recordémosle que escribió, según su propia admisión, para buscar hombres y nada más. En esto, que recuerde, éramos como él. No pretendamos que nos encontramos y luego nos perdimos». El texto es realmente extraño al cotejarlo con la abundante correspondencia conservada entre ambos y ante la personalidad de Breton poco proclive al reconocimiento de errores y al arrepentimiento.


Sin embargo el surrealismo evolucionaba hacia una conciliación con el comunismo y con el PCF, Tzara, quien desde los inicios del Dadaísmo se había mostrado siempre cauteloso ante cualquier militancia política, continuó reivindicando la independencia total, inherente a todo poeta, paradójicamente hoy, la historiografía dominante, presenta a Tzara, que sólo estuvo afiliado diez años, como el más vinculado al partido junto con Aragon, y lo etiqueta como comunista, cuando fue siempre el más reacio a cualquier adscripción política : «El comunismo es una nueva burguesía que empieza desde cero. La revolución comunista es una forma burguesa de revolución» afirmó. Con todo, Breton llegó a reconocer que la poesía de Tzara es la única que estaba situada, en el sentido que da Max Jacob a la palabra en el prólogo de Cornet à dés : “Todo lo que existe está situado”. La poesía situada es la poesía que surge del lenguaje personal, la poesía de su tiempo, que expresa las ideas y los sentimientos de los hombres. Así pues, Tzara no se equivocó al continuar su camino solitario.

Tzara no concede nada al lector, al revés que Breton que el 24 de Diciembre de 1921 en una carta, inequívoca y esclarecedora, a su mecenas y jefe Jacques Doucet, afirma : » La controversia que mantengo desde hace bastante tiempo con Tzara ha alcanzado su punto álgido. He constatado con placer que nuestras divergencias de opinión todavía se han acusado más. Tzara piensa cada vez más que es imprescindible alejarse del público, mientras yo me muestro dispuesto a hacerle ciertas concesiones». Todo lo contrario de Tzara que no acepta ningún compromiso, ningún retorno a la poesía formal o narrativa, tampoco no acepta ninguna receta surrealista como el automatismo surrealista o la escritura hipnótica . De esta irreductible postura individual sugiere el tono que ilumina el Hombre aproximado, siempre esperanzado en su lucha contra las cadenas del capitalismo y a una naturaleza fundamentalmente hostil : «…. dediqué mi espera al tormento del desierto oxidado a la potente llegada de su llama».


Todavía reciente la experiencia de Dada, Tzara erige el fastuoso monumento del Hombre aproximado, donde los mitos, el hombre histórico, y este hombre moderno, aproximado, confluyen en una revolución estética y humana, llevando a la poesía a límites insospechados anteriormente y con una proyección futura universal, pudiendo denominarse poesía abstracta, por similitud con la época y estilo pictórico, aunque también es poesía concreta : esa consideración del material léxico como esencialmente simbólico y fonético. Esta ha sido la regla fundamental para realizar esta libérrima traducción sicocientífica, alejada de los cánones académicos, de la literalidad y del orden sintáctico para, imbuido en el profundo conocimiento del autor, buscar esa musicalidad, ese ritmo de salmodia e imprecación alternado y constante, y esa belleza intrínseca del lenguaje, cualidades tan caras a Tzara. El oído gobierna el poema y, reitero, éste ha sido el detonante para (a)cometer mi traducción, que no traición, mi versión, que no perversión. Sería arduo y tedioso justificar mediante notas las decisiones tomadas en la transcripción al español, simplemente añadir que éste intento de versión es un trabajo de re-creación, que se ha efectuado desde la más acendrada pasión y conocimiento de la vida y obra de este franco-rumano tan esencial como desconocida.


Durante ese largo proceso de composición, extrañamente, ha desaparecido el azar dadaista, el poema presume de una entidad unitaria extraordinaria, algo casi ajeno al surrealismo, y cuyo aliento orgánico (respiración) de una humanidad solidaria universal, evoca las características de la poesía épica, la oralidad, los paralelismos, las repeticiones, las asociaciones fonéticas, la carencia de rima, la asonancia, provocan un trepidante el ritmo y una armonía musical, y todo ello añadido a la constante intercesión del acervo popular y de sus amplios conocimientos de los recientes descubrimientos científicos, tan relevantes, de las primeras décadas del siglo XX.


El título de la obra, aparecida en diciembre de 1931, y que está dedicada en su primera página a su esposa Greta Knudson, remite al verso que cual leit-motiv repite a lo largo del texto : «hombre aproximado como yo, como tú, lector, y como los demás». Nos hallamos ante una despersonalización del autor o mejor aún ante una identificación con el resto de los hombres, Tzara emprende una investigación vital en busca de un nuevo lenguaje dentro del lenguaje, mediante posposición de los adjetivos, tras una unidad fonética, un continuo ritmo, utilizando las ambigüedades léxicas, la paronomasia, el refrán. Resulta obvio afirmar que el trabajo de traducir a Tzara en su totalidad y el Hombre aproximado en concreto no resulta fácil, de hecho me he lanzado a ello tras traducir durante años el resto de su obra : https://tristantzaraydada.org/e
Y solo lo imposible engrandece el alma, es conocido que la poesía es inimitable e intraducible, Walter Benjamin decía que la traducción no debía ser nunca una mera búsqueda de semejanzas, sino un trabajo de «supervivencia», es decir, de cambio y transformación, de re-creación: «Las palabras escritas nunca terminan su maduración». De ahí emana este nuevo concepto de traducción sico-científica
Disfrutar profundamente, paladeando la lectura del Hombre aproximado, requiere, al igual que hizo Tzara en su escritura, un ejercicio de introspección, un viaje interior, en todos los sentidos metafórico y literal, real y fantasioso, y atreverse a abandonarse, a dejarse arrastrar por el torbellino y la vorágine de imágenes, hundirse en la profundidad, casi insondable, de las metáforas, en definitiva transformarse, íntimamente, a través la percepción de la belleza, que rezuma de manera salvaje e incontrolada esta obra, obra de la madurez del poeta, su obra maestra según la crítica contemporánea.


Hombre aproximado, he traducido sin el determinante obligatorio en francés no así en castellano, y entre las dos posibles acepciones en castellano, activa y pasiva, del «aproximatif» francés, aproximativo y aproximado, he optado como Alfredo Rodriguez Lopez Vazquez (Cátedra) y llevando la contraria a Fernando Millan (Visor), las dos versiones que existen publicadas en castellano anteriores a ésta, y que merecen un profundo respeto, no así la perversión de los primeros poemas rumanos que publicó la Universidad de Zaragoza, un delito de lesa traducción, y que para más inri son los poemas de Tzara que más circulan por internet. Poco Tzara y mal traducido.¡Cuanto daño impune!


Suscribo el comentario de Antonio Santos “¿Cómo podemos saber quiénes somos sin observar a los demás? ¿Cómo puede existir un yo sin que haya un otro? ¿Quién es ese otro, ese “hombre aproximado” que es, al mismo tiempo, un completo extraño indescifrable? ¿Cómo podemos ver el mundo si no es a través de nuestros ojos? ¿Cómo entender ese mundo si no conocemos nuestra mirada? «Escribo para encontrar a los hombres», afirmó primero Tristan Tzara, para después decepcionarse por lo encontrado y asegurar: «sigo escribiendo para mí mismo, y a falta de encontrar a otros hombres, me sigo buscando». Ésa es la búsqueda que sigue la voz poética de Tristan Tzara en El hombre aproximado: la búsqueda de sí mismo y del otro, de la verdadera naturaleza humana, de la memoria, de la mirada poética, de la historia del mundo. Una frenética búsqueda de cada uno de estos elementos a través de los demás. Una obra compleja y oscura, llena de sorpresas y cambios de vía, de sinceridad cruel y certera, de ternura y compasión. Tratar de descifrar cada metáfora de esta obra, de encontrar un sentido unívoco al que aferrarse, es como pretender sobrevivir a un naufragio con un mapa de carreteras.


II
El poema total


Tzara da la vuelta al léxico convencional como a un guante o a un calcetín, «me vacío ante vosotros, bolsillo del revés» dice, introspectivo, en el poema, y produce un nuevo lenguaje totalmente personal y revolucionario frente al existente con anterioridad. El maridaje entre sonidos, el francés es una lengua tremendamente homofónica, ayuda a producir efectos sorprendentes y conforma sugestivas y poderosas metáforas. Esa asonancia unida a la aliteración alcanza un ambiente lírico único, mágico que junto con la influencia del azar, la primera impresión, el impulso, el instinto, en el proceso creativo producen una subversión de la racionalidad y la lógica. Ahora bien todo pasa por el tamiz de lo vivido, «la poesía debe ser vívida y vivida» es decir sorprendente, brillante, convulsa diría Breton, y experimentada en tus propias carnes. Vida con todas sus contradicciones, vida cambiante, en continuo movimiento, vida absurda y hermosa, cruel y solidaria, vida dada, el arte de la vida, escrito en las lindes del surrealismo el Hombre aproximado es su poemario insignia. Buscar a los hombres dijo Breton, para encontrar a los hombres respondió Tzara a la pregunta de ¿por qué escribe usted?. La cara y la cruz, el juego entre contrarios como idea fundamental para la actividad artística. Y en la entrevista, muy desconocida pero muy definitiva que le realizó su amigo el poeta Ilarie Voronca, en la magnífica casa de la avenida Junot, publicado en la revista rumana Integral en abril de 1927 (ver https://tristantzaraydada.org/2253-2),
publicada en la revista rumana Integral en abril de 1927 Tzara añade : «escribo para buscarme a mí mismo, otros lo hacen para llegar a la academia o para aumentar su cuenta bancaria».


Este magno poema con la revolución como enseña es, diacrónicamente, un auténtico cantar de gesta en el siglo XX, aunque dicha etiqueta pueda considerarse una calificación simplista. Poema extremista y primitivo, refleja la capacidad de Tzara, generoso y apasionado, para generar, cual alquimista medieval, oro del estiércol, belleza de la esclavitud capitalista, fuerza revolucionaria a partir de un aparente nihilismo, del suelo calcinado resurgen vergeles, parafraseando a Jean Cassou, el director de Les Nouvelles Littéraires. La solitaria cruzada, la aventura personal-universal que Tzara emprendió durante su vida y que plasmó en sus obras, alcanza aquí su culminación.


Durante una de las entrevistas radiofónicas que le hizo Georges Ribemont-Dessaignes, Tzara manifiesta que «Hombre aproximado fue escrito entre 1925 y 1930. En 1929 apareció un fragmento de este poema en la revista, órgano del movimiento de Breton, La revolución Surrealista, publicación que fue posible merced a una previa reconciliación, o más bien, un breve acercamiento a los surrealistas. Junto a ellos, mi evolución me hizo abandonar el carácter demostrativo, provocador y negador de la poesía por una expresión más constructiva del material poético. Me encaminaba hacia una concepción de la vida en la que el individualismo extremo que era mío se reconciliaría con los sentimientos básicos comunes a la mayoría de los hombres. Ya no eran las palabras las que, por su proximidad inusual, hacían surgir su significado habitual, sino el complejo de la imagen poética que se sustituyó como componente de mis primeras preocupaciones. Éste fue el paso hacia una nueva objetividad.»


La obra continúa con la práctica, que inició Apollinaire en Alcools, de eliminación de los signos de puntuación, cuyo eco y análisis explicó en uno de sus, prácticamente inéditos, ensayos dedicados a Guillaume, el titulado Gestos, puntuación y lenguaje poético, esencial escrito que teoriza sobre las razones que justifican dicha supresión de los signos ortográficos, por fin, después del impulso revolucionario romántico, la poesía alcanza su liberación total con Dada. La obra canta armoniosamente, grita patéticamente, con la voz del hombre contemporáneo que clama contra las guerras, que proclama su individualidad solidaria, que lucha por un mundo renovado y mejor, próximo al ideal. Es idea no ideología. La cartografía física del planeta se levanta nítida con todos sus accidentes sociales, sus derivas históricas, sus filosofías liberadoras. Hombre aproximado emerge de la caldera del inconsciente, del magma original. El poder de su lava volcánica, una vez sedimentada, abona y fertiliza nuestro hábitat para convertirlo en más humano. Sus cósmicas metáforas nos muestran nuevas galaxias, y el eco del amor que se escucha, se precipita por todo el universo desconocido, preparándonos para su exploración. Preconiza – se aproxima -, al hombre del futuro, libre, responsable, solidario, (aunque ello, hoy, con el imperio de la tecnología y del algorritmo y la próxima entronización de la IA, nos parece una opción inalcanzable e idílica), este libro es, sin duda, el estallido fulgurante y el atronador estruendo de un visionario llamado Tristan Tzara. Desarrollar el mensaje dadaista sería nuestra única posibilidad de salvación, so pena de la desaparición de la especie humana como tal, con sus sentimientos, su sensibilidad, su libertad y su don de raciocinio individual y colectivo. Si Los Cantos de Maldoror fueron calificados por el propio Tzara como épica de la antihumanidad, podemos definir ésta obra como la épica de lo humano, la epopeya del hombre, con todas sus maravillosas contradicciones, inmerso en la multitud pero que desea la soledad.


Esa soledad tan cara a Tzara, instintivamente buscada, ese aislamiento en que vivió huyendo siempre del convencionalismo de las relaciones sociales, y que encarnó en el personaje del licántropo, ese lobo que aparece en muchos poemas e incluso da título a uno de sus libros Donde beben los lobos. En el fundamental Ensayo sobre la situación de la poesía y en muchos de sus otros escritos teórico-críticos desarrolla este «principio de la licantropía» y, añadir que, como detalle anecdótico pero significativo, su esposa, la pintora sueca Greta Knutson, cuando se dirigía cariñosamente a él, le llamaba «mi lobito». El concepto de licántropo, con el que apoda a Pétrus Borel, en el ensayo dedicado a los Bousingos, queda definido como «un estado latente de furia y odio, de explosión y de frenesí». Es una actitud personal que se universaliza en la rebelión absoluta, una «dictadura del espíritu», con la que se identifica completamente Tzara.


Fue el propio Jean Cassou, asesor literario del librero-editor Jacques-Olivier Fourcade, quien propuso que la publicación incluyera como frontispicio un grabado de Paul Klee, firmado por el autor y el ilustrador, para adornar los diez ejemplares de lujo. Paul Klee no interviene en la creación del volumen por casualidad. Ya en la época dadaísta, en Zurich, Tzara había expuesto obra suya en la Galería Dada (17 de marzo de 1917) y a finales del mismo mes había pronunciado una conferencia sobre él. Además escribió una preciosa prosa poética (écfrasis) titulada Paul Klee : el aprendiz del sol, incluida en el proyecto sin publicar El poder de las imágenes, donde se recoge la selección que Tzara preparó de todos sus ensayos sobre arte. https://tristantzaraydada.org/paul-klee-el-aprendiz-del-sol.


Tzara ha creado un obra mágica y magnética, eterna, legendaria, imprescindible para reivindicar la imagen del hombre en el mundo, es un diamante que, recogido en bruto de la experiencia vital, es pulido y tallado con millones de caras por un orfebre genial. Esta epopeya lírica resume todas las aproximaciones humanas, las preocupaciones, sufrimientos y vértigos a los que se enfrenta el hombre, en su tránsito vital por épocas y lugares. La eficacia de esta poesía se patentiza como praxis, como acción espiritual, de adhesión a la belleza, del compromiso que exige al lector con la contemporaneidad y de lucha en el tiempo presente por un futuro ineluctablemente más acorde con los verdaderos intereses y necesidades del hombre y más armónico con la naturaleza. Una prueba irrefutable de que es el camino a seguir, de que remar contracorriente es ir en la dirección correcta, es el ostracismo a que fue condenado el autor y el ninguneo hacia su obra por parte de estudiosos, críticos y todos aquellos que destrozan los espejos por ser culpables de los reflejos. Es nuestra responsabilidad y decisión personal, pendiente e irrenunciable, abrir de par en par las compuertas y destapar las espitas, dejarnos anegar por este aluvión de vocabulario, de ritmo, de imágenes, de sangre, de amor, de colores y de vientos. Silenciado, perseguido, marginado, desconocido, olvidado por una sociedad que teme la libertad, la personalidad de Tzara resurge cada vez mas poderosa, y su mensaje, cada vez más necesario, es el rito iniciático para todo artista que quiera ser experimental y vanguardista. Ladrarán pero la obra de Tzara sigue cabalgando.


III
Los cantos, uno a uno


La epopeya de este hombre solitario y solidario sigue vigente. Hombre aproximado, hito y rumbo, es un grito humano frente a la historia, la palabra natural como piedra para ser lanzada, como árbol que purifica el aire, como sol cotidiano que produce las cosechas. Hombre aproximado, buscando al hombre, habla para toda la humanidad, y el que no escucha es porque vive en un profundo abismo. El hombre, ese enigma, ese «ser que inspira», que diría Éluard, es al que Tzara se dirige en esta y en toda su obra y al que se entregó toda su vida. Arte y vida son la misma cosa. Hombre aproximado, haciéndose, por llegar, en tránsito hacia la luz y la pureza, hacia la bondad.
Escribe Henri Béhar, uno de los eruditos mejor informados sobre Tzara, Dada y el Surrealismo : «El lector, ese público popular que Tzara designa en su comentario sobre los géneros literarios, no está acostumbrado a leer fragmentos de la epopeya, publicados desordenadamente, según la edición. Entonces me pregunté, al presentar la colección en las Obras Completas, si había un orden previo de composición. Busqué un proyecto, un plan entre tantos borradores, sin encontrar el menor rastro de él. Sin embargo, leyéndolo en su continuidad, se tiene la sensación de una composición coherente, de un movimiento que va, por aproximaciones sucesivas, de una expresión angustiada del individuo, a la conquista plena de su ser».

El tono profético de Hombre aproximado puede derivarse de su cultura judía de origen y de su lectura de la Centurias de Nostradamus. El aspecto irónico procede de Laforgue, Jarry y Apollinaire. Importante resaltar también el componente telúrico del poemario, recordemos que el seudónimo tzara, significa terruño, país, en rumano.


La larga elaboración de los XIX cantos, supuso un posterior proceso de ordenamiento, ya que no fueron escritos en el orden que luego ocuparían en la obra. Dilucidar el orden de composición quizás sirva para una mejor comprensión del poema completo. En su primera disposición Hombre aproximado constaba de diecisiete cantos, faltaban el VII y el VIII y el orden de los demás era distinto. En cuanto a la temporización de las fechas de su escritura, el núcleo genésico, seguimos a Alfredo Rodriguez, son los cantos II, III,V y IX, entre enero de 1927 y junio de 1928, en una segunda fase, Tzara escribe los cantos I, VI, XI, XIII y XV, del resto nos sirven como referencia las primicias entregadas a las diferentes revistas, que aparecen especificadas al inicio de este prólogo introductorio. Todo el poemario parece girar en torno a los cantos IX y X, que pudiéramos, gráficamente, considerar como el punto donde se cruzan abcisas y ordenadas, ambos parecen casi ajenos al resto.
Ya indicamos en el liminar de este texto, el lugar donde aparecieron publicados por primera vez los diferentes cantos.

Hay en el primer canto una clara referencia a la obra poética de Charles Baudelaire. Ese verso inicial «domingo tapa pesada sobre sangre en ebullición» con ecos evidentes del spleen. inicia este largo poema ascensional, siguiendo un proceso de diálogo interior, desde la zozobra de no hallar una ubicación en el sistema social y desde la percepción de la muerte como enfermedad de la vida. La monotonía del día festivo, la angustia que provoca la inacción, son el canto de cultivo del que surgen la reflexiones posteriores. La repetición aleatoria de dos versos : «doblan las campanas sin motivo y también nosotros» y «el agua del riachuelo mucho limpió su lecho», son el cadencioso leitmotiv que teje una serie de redes con las imágenes que permanecen desde la ensoñación nocturna.


El segundo canto no fue prepublicado en ninguna revista. Aquí ese hombre aproximado inicia su trascendente tránsito, frente a la veleidosa muchedumbre y ante la incertidumbre de su destino, expresando su avidez de conocimiento. El canto que se mueve sinuosamente, se dirige, con un ritmo ascendente y dinámico, hacia la luz y la pureza. Aparece por primera vez el verso/eje de todo el poema y que le da el título : «aproximado hombre igual que yo que tú lector como los demás». Y también el ángel representando lo etéreo, la búsqueda de la luz frente a la carnal materialidad del ser humano.


El tercer canto fue el fragmento del poema que primero se publicó y, al comparar el manuscrito con las diferentes versiones, se observa en él un cambio en la intensidad de la amargura, el enunciado completo de la comparación en las metáforas, alguna discordancia, y ese final, aparentemente inacabado «y tantas cosas tantas otras cosas» que, a modo de reiterada letanía, recorre varios cantos. El tono utilizado evoca la amplia prosa del estilo de los poetas de la generación anterior, en confrontación con el del propio texto. El verso «me vacío ante vosotros cual bolsillo del revés» reconoce el esfuerzo de introspección de Tzara a la hora de componer, continúa expresando su sentimiento de amargura y aborda la idea de lo sorprendente, del misterio, y desde la cuarta estrofa el mundo percibido ya se introduce en el poema.


También el cuarto canto presenta discrepancias con su primera publicación, ya dijimos la minuciosidad de Tzara en las correcciones de sus versos. La riqueza y abundancia de las metáforas se multiplica produciendo una encantadora y subyugante rítmica. En un ambiente autumnal, convertido en animal, vegetal o mineral, el poeta con su sarta de palabras erráticas se ubica entre la niebla y el sueño «en tantas y tantas cosas».
El amor de pareja, en íntima comunión con la naturaleza, en definitiva a la vida, identificada como una película, preside la composición del canto quinto. La aliteración y la alegoría que muestra son algunas de las técnicas utilizadas por Tzara, que escribe por impulsos o espasmos, a borbotones cual barrunto de fenómeno meteorológico que sólo existe en su único y último estado, cuando se desencadena.


Otro de los fragmentos no publicados con anterioridad al libro es el sexto canto. Tzara, al componer, se deja arrastrar por un ritmo iniciático de imágenes efímeras, prolongadas y amplificadas más tarde, tras una segunda reescritura. La preocupación por las cuestiones teóricas del lenguaje poético es evidente, la interpretación cosmológica de la naturaleza como lengua de símbolos y también la influencia de Saussure, en cuanto a la relación entre fonética e idea.


Tampoco el séptimo canto apareció por separado antes de su publicación en la obra final. En él, el niño, estado primitivo del hombre adulto se comunica , dialécticamente, con éste último, del candor a la rebeldía, de la soledad al conjunto de la humanidad, el surtidor metafórico riega todo el canto.


El canto octavo es un ejercicio escolar, una letanía de «me acuerdo», de «yo vi». Pero no es un canto nostálgico del pasado, un regreso a los recuerdos, sino más bien un lamento, o un ajuste de cuentas, con esa etapa original que trasciende más allá, desde la infancia hasta la angustia existencial.


Paradójicamente, en el noveno canto, aparece una inquietud religiosa, una referencia al judaísmo de sus padres, una sincera inquietud metafísica que recorre transversalmente el poema. Este canto nueve es, así mismo, una demostración evidente de la identificación de Tzara con la licantropía, con el lobo como animal errante y solitario, que quiere ignorar el gregarismo, pero que caza en manada. Incluye la imagen del pastor como fusión, como creador omnipotente «emigra hacia los pastos celestes de las palabras».

Béhar describe perfectamente el canto décimo «… la poesía abstracta de Tzara, la más desnuda y la más tensa, se nutre siempre de percepciones inmediatas, reubicadas en su marco cómico, asociando el movimiento cíclico del universo con la aventura contingente del hombre.»


Los manuscritos del canto XI están bellamente ilustrados por imágenes, por ideogramas ingenuos y sencillos, que contratan con la imponente grandeza del tema que trata, se canta a la asociación de creación y final del mundo con los sonido de un órgano. Todo este magno poema es un gran musical, compuesto por cantarines y armoniosos cantos, como esta traducción demuestra, y este es uno de los fragmentos donde se escucha esa musicalidad arrebatadora del órgano, que embriaga al oído como al olfato una fragancia.


El duodécimo canto es otro de los que no se publicó previamente al libro. El hombre solitario, arrojado del paraíso original, exhausto y deprimido, ha de liberarse de los traumas de la educación y de la frustración derivada de las ideas doctrinales, para alcanzar el pleno conocimiento, el tópico típico del uso de razón. Narra el camino seguido cual pulgarcito «deja caer el tiempo migas de pan tras sí» hasta el «hombre con las velas desplegadas al viento».


En el canto XIII el hombre solitario asume la herencia ancestral de las multitudes, cédula de un cuerpo, siempre en peregrinación a lo desconocido, a lo oculto, al porvenir. La metáfora, que surca el canto hasta el final, es la de un barco (la humanidad entera) que navega por un proceloso mar, a merced de olas gigantescas.


Los poemas de la infancia, los primeros versos rumanos de Tzara, tienen fiel reflejo en el canto XIV, en el que, con la acostumbrada vorágine de su lírica, se exacerba. Se enfrenta a una crítica del lenguaje, de las convenciones y de la memoria de los individuos, y aparecen nuevas preocupaciones, la realidad de las cosas, la virtud, y los luminosos amaneceres que el poeta asocia al lector y al resto de la humanidad.


En el canto XV aparecido por primera vez en The Little Review, traducido al ingles, está dedicado a Stravinski, con claras referencias al ballet, abundan las metáforas onomatopéyicas de instrumentos musicales y sus diferentes sonidos, los recursos auditivos, fonéticos son numerosos, como la aliteración, que se ha podido re-crear al traducir, del verso «levas de lavas babean sobre el valle». La tierra como entorno del amor y la mitología clásica con sus ceremonias, contienen parte del argumento de este canto.


El canto decimosexto se basa en la interpretación biológica de la evolución de la vida (Darwin) desde el origen vegetal y acuático hasta el modelo urbanístico, protoplasmático y centrífugo, de las grandes ciudades, todo es un movimiento continuo como corresponde a una materia viva. Tzara se vale de sus amplios conocimientos en Etnografía, Ciencias de la naturaleza, Zoología, Botánica y Biología, para crear un hermoso texto que es un himno a las civilizaciones y a la fraternidad.


En el canto XVII, que también apareció primero traducido al inglés, existe un paralelismo con el canto cuarto, como muestra su identidad estructural anafórica, la repetición de versos entre ambos, que verifica que fueron compuestos al mismo tiempo. El conjunto representa, nítidamente, la preocupación por comprender e interpretar por completo el mundo, siendo consciente de sus muchos aspectos contradictorios. La contradicción, base del razonamiento, ese principio absoluto para Dada.


El penúltimo canto expresa la cima del sentimiento revolucionario de Tzara, sus interrogaciones, sus imprecaciones estallan en estrofas de desesperación e impaciencia, alternadamente, y desemboca en la serenidad de la muerte. Vemos, ruptura de frases, parataxis, repeticiones y exclamaciones.
El canto que cierra el poema, publicado en La Revolución Surrealista gracias a la tregua que Tzara tuvo con el movimiento, como ya se expuso, es una conclusión, una recapitulación de todas las preocupaciones y zozobras de los seres humanos, de sus angustias, sus vértigos, de todas sus grandes pruebas por superar. «Es entonces cuando ruge el fuego que se incubaba bajo la brasa de las palabras, y que extiende el himno apocalíptico.» Es Béhar quien así lo expresó.


IV
El concepto tzarista del hombre


Será oportuno leer esta epopeya zarista determinando la naturaleza de aquel a quien el poeta canta e intentar establecer sus características, objetivar el personaje central de la obra : el ser humano, el hombre. ¿Qué es el hombre para Tzara?


La dualidad Hombre aproximado que da título al conjunto de cantos aparece siete veces en todo el poema, cuatro en el canto II y luego al final de los cantos VIII, XIV y XVI, refiriéndose tanto a la identidad entre el hombre como tal con el narrador, el lector y, finalmente, cualquier otro individuo.

El hombre es claramente una preocupación esencial del poeta que lo invoca más de cincuenta veces, ese hombre que Tzara concibe, mediante aproximaciones sucesivas, es universal y permanente, ¡si no eterno! concepto que no varió durante el tiempo de composición de los diferentes cantos.


Hombre en su estado primigenio, descubridor de un fuego que lo devora durante el proceso vital de todos y cada uno de los individuos en su dimensión histórica, como demuestran nítidamente esos versos reiterados a lo lardo del ultimo canto y que cierran el poema «consagré mi espera al desierto oxidado del tormento / al poderoso advenimiento de su fuego»


Hombre individual y social, solitario y solidario, introspectivo y rebelde, capaz de amar y odiar, de superar las mayores adversidades, de provocar las mayores calamidades, de erigir mitos que lo esclavizan, de sentir el dolor y el placer, que desde el sufrimiento aspira al gozo, hombre poeta que cree y crea, que, identificándolos, hace del arte vida y de la vida arte.


V
Conclusiones


La poesía de Tzara, no sólo la de su etapa dadaista, es díficil y compleja, y esa dificultad es extensible a la traducción. Por ello la aventura ha sido apasionante, lo fácil no emociona igual. Sin tomar como referencia ninguna de las dos versiones en castellano anteriores, ni pretender ninguna comparación, ni ser la definitiva, ésta traducción se ha preocupado por enfatizar la musicalidad del texto, dado que las metáforas son, ya de por sí, potentes y deslumbrantes.
A lo largo de todos sus ensayos, plantea dialécticamente, como tesis y antítesis, la dualidad en apariencia contradictoria entre poesía actividad del espíritu o poesía latente, y poesía medio de expresión o poesía manifiesta, identificadas respecticamente con los conceptos jungianos de pensar no dirigido y pensar dirigido, para desembocar como síntesis, en el concepto de poesía como conocimiento, hacia los demás y luego, decepcionado, como conocimiento de sí mismo, como ya se expresó anteriormente.
El magno poema es un relato del hombre durante el proceso de la historia y un intento de re-construir una relación más armónica con el naturaleza y el mundo, de ahí los calificativos de épico, de epopeya antes utilizados.


Me remito, otra vez, a Henri Béhar «Respondiendo a la invitación de los surrealistas, Tzara les trajo la colección más hermosa, tan desesperada como proclama la presencia de una energía vital. Al rastrear la evolución de la humanidad, desde las cuevas primitivas hasta las exploraciones cósmicas, la ontogénesis recapitula la filogénesis, diría yo, parodiando el principio de Haeckel. Sólo su trayectoria poética, a partir de un lirismo neosimbolista, estallando bajo los embates del Dadaísmo, abriendo de par en par las puertas del inconsciente, pudo permitirle expresarse de esta manera, en busca de la verdad. Y, como si este interrogatorio del hombre, esta búsqueda de humanidad no tuviera fin, la prolonga en el libro Où boivent les loups, al que seguirá Granos y salvado, este poema en prosa que mezcla el lirismo onírico con las notas, el verso con sus reflexiones sobre la poesía.»


Los cinco años en que Tzara fue trabajando y corrigiendo estos textos, entre cuya primera publicación y la edición final abundan las variantes, estuvieron marcados por el proceso de disolución de dada ya finalizado, el inicio de la escuela surrealista y ese período entreguerras, los felices veinte, que tan prolífico fue en el campo artístico. Sin ser Tzara un fiel miembro del surrealismo, son conocidas sus desavenencias personales y sus desencuentros epistolares y públicos, este libro ha pasado a ser considerado como una de las obras cumbres del movimiento férreamente dirigido por André Breton. Junto con Granos y salvado, inédito en castellano. Estos dos libros son las cumbres de la producción tzarista de esa etapa, antes de ser impactado por la Guerra civil española, que le llegó a inspirar cinco de sus siguientes libros, y que terminó de conformar su compromiso social. Ambas son el eslabón entre dada y surrealismo y en las magníficas y bellísimas notas de Granos y salvado especifica sus diferencias teóricas. Sería un ejercicio de ciencia ficción poder entender a dada y surrealismo en su total complejidad, sin haber leído estos dos libros.

Este inmenso poemario es la obra más conocida, y casi la única de las de Tzara que, afortunadamente, ha sido traducida a varios idiomas, algo inaudito en la prolija producción literaria de él. El hecho de que sus ensayos, o escritos, como el prefirió llamarlos, sobre arte El Poder de las Imágenes y sobre poesía Las Esclusas de la Poesía, imprescindibles a mi entender para seguir la evolución del arte desde las culturas primitivas hasta Picasso y de la poesía francesa desde Villon hasta el siglo XX, no se hayan publicado jamás, es absolutamente escandaloso. Esperemos a que sean de dominio público, ocho años, y esperemos que para entonces los «hispeditores», neologismo sustantivo de Fernando Arrabal, se hayan concienciado de la importancia de contribuir al enriquecimiento del acervo español y, para ello, de la necesidad de empezar a publicar todas las obras de Tzara, que siguen cual arpa en ángulo oscuro, esperando esa mano de nieve.


Como he dejado traslucir, traducir a Tzara, ha sido arduo y difícil, titánica tarea que me ha llevado casi la mitad de mi vida, deseo fervientemente que sea útil al lector y que disfrute tanto leyendo como yo fui feliz traduciendo. Y termino pidiendo disculpas por todos los posibles errores que haya cometido y deseando, con mi granito de arena enamorada, pero no con el plomo de una bala, haber contribuido a fomentar el interés por Tzara y por Dada