Existe una fundamental y esclarecedora carta, fechada el 24 de Diciembre de 1921, enviada por Breton desde Imst (Austria) a Jacques Doucet, modisto coleccionista de arte, mecenas y mentor de poetas y que contrató a Breton como asesor en sus adquisiciones, donde aparecen expresadas las notables discrepancias entre los dos grandes instigadores y que dice textualmente : “ La controversia que mantengo desde hace bastante tiempo con Tzara ha alcanzado su punto álgido. He constatado con placer que nuestras divergencias de opinión todavía se han acusado más. Tzara piensa cada vez más que es imprescindible alejarse del público, mientras yo me muestro dispuesto a hacerle ciertas concesiones.

La prestigiosa periodista Madeleine Chapsal entrevistó a ambos poco antes de morir, transcribo sus palabras : “….sus principios y consignas eran idénticos, pero sus maneras de vivirlos eran opuestas. Breton se creía un gran hombre, se había forjado una leyenda que defendía a capa y espada. Tzara huía de todo lo que sonase a fosilización. Estaba enfermo, por supuesto, pero yo sentía en él una deliberada voluntad de volatilización, no por modestia sino para disfrutar mejor de todo, de un instante, de una emoción, de una idea, de un reencuentro …..En definitiva Tzara era libre, mucho más que Breton. Su mera presencia me estimulaba, me sentía llena de energía….”

Durante un debate de artistas celebrado en 1961 en el Philadelphia Museum College of Art, bajo el epígrafe «¿Hacia dónde vamos desde aquí?» Marcel Duchamp se explayó en un violento ataque verbal contra el desenfrenado mercado especulativo del comercio del arte, que lo había convertido en “ una mercancía como el jabón o los valores bursátiles”. Añadía Duchamp «la especulación material lleva al arte a una dilución masiva, a una disminución del gusto en la niebla de la mediocridad». Queda la única esperanza de una «revolución ascética» (un delicioso juego de palabras sobre la estética y su propio estilo de vida espartano) que permitiría que el artista trabaje fuera del sistema de las galerías y los marchantes, en un aislamiento ermitaño, y añadió la siguiente profética opinión : «el gran artista del mañana pasará a la clandestinidad”. A este respecto la marginación de Tristan Tzaraes paradigmática. Y es absolutamente imprescindible reivindicar y desagraviar su vida y su obra, y otorgarle el preponderante lugar que en la evolución del arte le corresponde. Tzara está poco y muy mal traducido.