( 1931 )
CANTO I
domingo pesada tapadera sobre la sangre en ebullición
peso semanal en cuclillas sobre sus músculos
encontrado caído en el interior de uno mismo
doblan las campanas sin motivo y también nosotros
doblad campanas sin motivo y también nosotros
nos regocijaremos con el ruido de las cadenas
que haremos sonar en nosotros con las campanas
*
qué idioma es éste que nos fustiga nos asustamos en la luz
nuestros nervios son látigos en manos del tiempo
y llega la duda con su única ala tenue
que se atornilla se comprime se aplasta entre nosotros
como el papel arrugado desenvuelto el paquete
regalo de otra época con resbalones de amargos peces
*
doblan las campanas sin motivo y también nosotros
los frutales ojos nos observan atentamente
y todas nuestras acciones están controladas nada se oculta
el agua del riachuelo mucho limpió su lecho
lleva los hilillos de miradas que arrastraron
a la base de las paredes chuparon en las tascas unas vidas
sedujeron a los pusilánimes unieron tentaciones saciaron climax
excavaron en profundidad viejos desvíos
y desataron las fuentes de lágrimas presas
las fuentes serviles en las asfixias cotidianas
las miradas que atrapan con manos secas
la luz que produce el día o la aparición sombría
que aportan la riqueza consciente de la sonrisa
abotonada como una flor en el ojal del alba
aquellos que exigen reposo o voluptuosidad
contactos eléctricos vibraciones sustos
aventuras fuego certidumbre o esclavitud
las miradas que treparon por aguaceros discretos
emplearon los adoquines de las ciudades y expiaron tantas vilezas
con limosnas
se continúan sujetas alrededor por lazos de agua
y fluyen hacia los mares arrastrando a su paso
las basuras humanas y sus espejismos
*
el agua del riachuelo mucho limpió su lecho
que incluso la luz se desliza por la ola lisa
y cae hasta el fondo con el estallido sordo de las piedras
*
doblan las campanas sin motivo y también nosotros
los problemas que llevamos con nosotros
que son nuestras prendas íntimas
que nos ponemos cada mañana
que por la noche se quita con manos de sueño
adornadas por inútiles jeroglíficos metálicos
depuradas en la bañera de paisajes circulares
en las ciudades dispuestas a la masacre al sacrificio
cerca de los mares con borrosos horizontes
en las montañas de agitadas rigideces
en las aldeas de dolorosas dejadeces
con la mano abrumadora sobre la cabeza
doblan las campanas sin motivo y también nosotros
partimos con las salidas a las llegadas llegamos
partimos con las llegadas cuando los demás salen llegamos
sin motivo un poco secos un poco duros serios
pan alimento más pan que acompañe
canción suculenta en la escala del lenguaje
los colores sueltan su peso y piensan
y piensan o gritan y permanecen y se alimentan
con livianos frutos como el humo vuelan
quién piensa en el calor que teje la palabra
en torno a su centro el sueño al que llamamos nosotros
*
doblan las campanas sin motivo y también nosotros
nos vamos huyendo del hormigueo de las carreteras
con un frasco de paisaje una enfermedad una sola
una sola enfermedad que cultivamos la muerte
sé que la melodía va conmigo y no temí eso
llevo en mí la muerte y si muero será la muerte
la que me sostendrá en sus brazos invisibles
delicados y ligeros como olor de hierba rala
delicados y ligeros como salida sin destino
sin amarguras ni deudas ni lamentos ni
doblan las campanas sin motivo y también nosotros
para qué buscar el último eslabón que nos vuelve a atar a la cadena
doblad campanas sin motivo y también nosotros
haremos sonar en nosotros los cristales rotos
monedas de plata mezcladas con monedas falsas
restos de fiestas que estallaron en carcajadas y tormenta
en puertas que permitían abrirse a los abismos
tumbas de aire molinos moliendo huesos árticos
esas fiestas que alzan al cielo nuestras cabezas
y escupen sobre nuestros músculos la noche de plomo fundido
*
hablo de lo que hablo digo estoy solo
solo soy un ruidito en mí llevo muchos ruidos
un ruido helado arrugado tirado en la encrucijada sobre la acera mojada
a los pies de hombres apresurados que corren con sus muertos
alrededor de la muerte que extiende sus brazos
en el reloj de hora única que vive en el sol
*
se adensa el hálito oscuro de la noche
y por las venas cantan flautas marinas
transcritas en octavas de estratos de diferentes existencias
vidas repitiéndose infinitamente hasta la escasez atómica
y arriba tan arriba que no podemos ver
y con esas vidas anejas que no vemos
el ultravioleta de tantas vías paralelas
que hubiéramos podido seguir
aquellas por las que hubiéramos podido no venir al mundo
o habernos ido hace ya mucho mucho tiempo tanto
que habríamos olvidado la época y la tierra que nos habría chupado la sangre
sales y metales líquidos límpidos el fondo de los pozos
*
pienso en el calor que teje la palabra
en torno a su centro el sueño al que llamamos nosotros
CANTO II
la tierra me sujeta en su puño de tormentosa angustia
¡que nadie se mueva! Oímos la hora abriéndose paso entre el vuelo de una mosca
y unirse al día aguardando su fin
apretemos entre los dientes los minutos que nos separan
*
¡arriba las manos! para acoger al ángel a punto de caer
deshojarse en nieve de luciérnagas sobre vuestras cabezas
cielo debilitado por el viento que tanto sopló
pagaremos con sufrimientos las numerosas deudas
*
se espesa la estación de tren con los pitidos
tantas voluntades nadan en la amarga densidad
que la alarma guía la oleada chirriante
con negras y fétidas iras espumosas entrañas de la tierra
a superficies aterciopeladas hacia qué destinos borrachos de esperanzas
que compramos a precio de lentas siembras
adornadas por los emblemas de corporaciones profesionales
que bebemos en abrevaderos con resoplidos de hocicos equinos
que cazamos en círculos en los tiovivos de pueblo
que fumamos la vieja pipa de águilas
que recogemos por la noche pastores de humeantes tejados
vislumbrados en los espejos presentidos en el núcleo de las piedras
en el fondo de yacimientos petrolíferos sobre jergones de limos pesados
en granjas donde la vida se mide en granos
espumas claros cojines de aguas sentadas al sol
*
aproximado hombre igual que yo que tú lector y como los demás
montón de carnes chillonas y de remordimientos de conciencia
tu nombre completo en el único resquicio de voluntad
portátil y adaptable educado por dóciles inclinaciones femeninas
varios malentendidos según el gusto de las corrientes interrogadoras
hombre aproximado que te mueves por las cercanías del destino
con tu corazón como equipaje y un vals como cabeza
vaho sobre el espejo frío tu mismo impides verte
enorme e insignificante entre las joyas escarchadas del panorama
sin embargo los hombres aún cantan en corro bajo los puentes
la boca azul contraída por el frío más allá de la nada
hombre aproximado o magnífico o miserable
entre la niebla de la épocas pudorosas
habitación barata la mirada embajadora de fuego
que cada cual pregunta y cuida en la piel acariciada por sus ideas
mirada que renueva los abusos de blandos dioses
que brincan al saltarse los muelles dentales de la risa
aproximado hombre igual que yo que tú lector
sostienes entre tus manos preparada para lanzar una bola
brillante suma tu cabeza rebosante de poesía
*
puerta de la noche cerrada para siempre fruto de hermosas jambas
larga cruz tan solemne sobre la respiración del rocío
en las lindes del atardecer desvestido el camisón diurno
mientras el túnel acuesta el acordeón por sus costillas
se desliza por la cuerda del raíl alargado arco del tren subterráneo
y al otro lado a falta de sol quizás está la muerte
que te espera en el rumor de un torbellino estruendoso con mil brazos explosivos
tendidos hacia ti hombre flor que pasa de manos de la vendedora a las del amante
y la amada
que vas de la mano de un suceso a otro sin querer triste lorito
las puertas castañean los dientes y todo se ha cumplido en la impaciencia
de hacerte salir con urgencia
hombre amable mercancía de ojos abiertos pero herméticamente vendados
tos en cascada ritmo proyectado en meridianos y franjas horarias
mapamundi manchado de lodo lepra y sangre
subido a su pedestal el invierno de noche menesterosa noche pusilánime estéril
extiende el cortinaje de nube sobre la fría casa de fieras
y sostiene entre sus manos preparada para lanzar una bola
brillante suma tu cabeza rebosante de poesía
*
gesto perfecto de las manos que ofrecen al aire la imagen
ruiseñor alerta que cierra el circuito de tu alegría
en el brillo intenso de los lamentos te engañas a ti mismo
en lo más secreto de todos estás tú el más lejano
te alzas hasta los acordes perfectos sobre los mástiles astronómicos
te atiborras con andares incestuosos en los peldaños de los calvarios
emana tu envidia del estricto simulacro
que exprime el tiempo en la bolsa de tu vida
sólo concibes la vida como ejemplos demostrados
mientras envejeces sin saber por qué se oxidan las bisagras de tu cabeza
se alargan tus articulaciones se moja como la hoja bajo la lluvia el orgullo
avaro sujetas la puerta con tanta fuerza que te clavas las uñas en la carne
la garganta lúgubre donde se amontonan las nubes
donde el orgullo insatisfecho no puede ya ni refrescarse
extiende ya hacia el césped de la muerte en holocausto su delirio hasta donde
la vista alcance
y siempre existe agua fresca en la confluencia de tus amores
*
las lineas de tus manos callosas que un ángel trazó cuando naciste
en su trayecto el tuyo dotado con todos los éxitos terrestres
las borró el muñón de tu vida falsa y ensucias lo que tocas
te revuelcas en el estertor y el oro las mentiras incandescentes
de la vida solo te queda ya la ayuda de una evasión frustrada
y sin embargo la noche desata en su seno los nudos de los cascabeles
las estrellas
el esqueleto cadencioso de los músicales andamiajes arrojados a granel
con todo los hombres se arremolinan bajo los puentes en corro
y las tardes de mínimo calor hojean en los álbumes de fotos
entre tantos brotes amargos que el recuerdo hace surgir en torno al gran mantel
defiendes a dentelladas tu parcela de mundo para dormirte de un sábado al siguiente
anónimo y ultrajado en el secular alimento de tu estirpe
con todo los hombres cantan balo los puentes en corro
y desgarran el nido de sus meninges rascan
para descubrir oculta en el fondo la naranja fresca de su cerebro
*
ante la ira de la nieve que la hora entre en erupción de remordimientos y tortura
que mane de ti la sangre de la más reciente boca la astronomía
y se extienda en cada célula de prisiones anatómicas
que los minutos al hormiguear en el saco de los pulmones siembren los prados
de asilos de ancianos terrazas con varias filas de billar
que por fin florezca joven y fresco el crimen por las casas con guirnaldas por doquier
abone con sangre las nuevas aventuras cosechas de generaciones futuras
disolviéndose las águilas como el azúcar en la boca de los años
disolviendo el azúcar de los días transcurridos en el cuenco del océano
volando de flor en flor con pétalos de piel cubriendo las alas
insectos o microbios recargando de sufrimiento las camas las temporadas
arrastrando ácidos sueños como animales de carga nuestros caparazones
y arrastrándonos hacia ellos colgados del sueño que saca la grúa del puerto celeste
dulce de sol putrefacción sin cuervos ni gusanos en la inexpugnable
blancura inmaculada
CANTO III
qué nos une a los vientres maternos
a quienes provisionalmente daremos la vida amarga
al pasearnos en las inmediaciones de encantos florecientes
sin poder romper el núcleo
*
y mientras el timbre hueco colma de alarma nuestros horizontes
libas la pulpa de la fruta y en el interior se encuentra el misterio
acunas el ritmo de los minutos para dejar que pase el tiempo del misterio
que pase el tiempo y la muerte te sorprenda sin demasiado lío sin ojos
excesivamente abiertos
llenar cada minuto de espanto sin interrupción ni prisa
bebo el agrio terror de lo que nunca comprenderé
felicidad en los gérmenes de lis te enterré con tranquilidad
*
me vacío ante vosotros cual bolsillo del revés
entregué a mi tristeza el deseo de descifrar misterios
con ellos vivo me adapto a su candado
instrumento oxidado meliflua voz de los fenómenos siempre sorprendentes
misterios tentadores señales de muerte entre nosotros la muerte
en los almacenes de sonrisas chamuscadas con el tiempo
en las salas de conciertos crece el ciprés acecha
delicada adolescencia lo que nadie pudo decirte ni enseñarte
donde gentes que esconden domésticas preocupaciones
pasean dedos gordos entre la flora de etiquetas
rondando amores de penosas incongruencias que fingen revueltas
en la peluquería dejas caer tu cabeza inerte y la nieve
que sale del sudario cotidiano ten cuidado que las manos del cerebro
no vayan a rozar la masa gelatinosa de la pesadilla
en los estadios en que duras tensiones guían el diluvio con estruendo de apóstol
entre jardineros o en el estiércol y los escombros
forjó de flores el ilegible sol
salido de los plexos sepulcrales con las estaciones y sus grandes osadías
*
entras miras te palpas los bolsillos
tormentas apaciguadas de monedas sin color
como riachuelos auríferos vencieron a la tortura del tiempo arrugado
sales también pobre tus huesos en la ropa de su carne
arrugado hasta en el alma cansada del vaivén del mundo
arrugado hasta el alma cansada
pero vuelve a empezar el día con color de fértiles logaritmos
elevado en la elegancia de tu mirada ensanchas las aceras de las calles
tu orgullo se oculta en enfática indolencia
sabes que vas a difundirte al final de tu vida pero te ocultas y entras
flor nudo de lazos de piel humana
y tan pocas cosas me conmovieron hermanos míos y me hacen llorar
en las estaciones de tren – nunca podré hablar lo bastante de las estaciones de tren
vieron la luz los encantos troceados los saludos efímeros en demasía
en hoteles de calculada incomodidad rígida
donde incluso el amor es sólo una necesidad de leyenda polvorienta
agoté mi juventud que ya no sabe despertarse
mientras el camino de la vida de fuera se organiza con unos árboles de sueño de los
trenes
de jardines de mujeres de hombros hermosos que reposan en su languidez de
nenúfares
mendigando luz así como todo el mundo come hasta saciarse
y en las minas ya ni siquiera se quiere pensar que existen el día y las sirenas
basta sólo la palabra para ver
en los hospitales existen números que sobran
para extender sobre una cama la blanca esperanza de una muerte próxima
en la iglesia san eustaquio vi dos prostitutas haciendo la calle
mientras unas viejecitas a las siete de la mañana
con cestas en sus brazos y niños encima de sus cabezas
empapaban su experiencia y su fe cándidas en el vino de la ley divina
*
pese a los insultos que el tiempo desdeñoso nos lanza
el mal tiempo abundantemente vomitado por el desierto desde arriba de sus dunas
nocturnas
a pesar del grito grueso del animal condenado a muerte
la brecha abierta en el corazón del ejército de nuestras enemigas las palabras
la pereza glacial del destino que nos permite campar a nuestras anchas
nuestro perros nosotros mismos corriendo detrás nuestro
solos en el eco de nuestros propios ladridos de ondas mentales
pese al inefable absoluto que nos rodea de imposible
me vacío ante ti cual bolsillo del revés
*
apareces ante los demás como otro distinto a ti
en la escalinata de las olas contando en cada mirada la trama
alucinaciones dispares mudas que se te parecen
tiendas de oportunidades que se te parecen
que cristalizas alrededor de tu lluviosa vocación -donde averiguas parcelas
de ti mismo
en cada esquina te transformas en otro diferente tú
en los hogares – mandíbulas apretadas- donde los hoscos postigos del corazón
permanecen cerrados
se enjuga la luz en anémicos paños
en las pampas olor viril de heroísmo
una melodía lancinante te anuncia en los siquiátricos
y la usura por nuestros pecados evoluciona sin satélites en un reducido universo
hombre de vertiginosos saltos mortales en el espacio
vi animales a los sentimientos humanos enredarse vulgarmente entre ellos
lotos vestidos de fiesta nos tapizan en la platea de los teatros
se mecaniza en los conventos el juego de impulsos rezumbantes
entre los campesinos placeres olvidados a la vieja sombra de gestos desdeñosos
en las oficinas de correos donde se rozan poses y países
en las joyerías nos probamos de todo paisajes mínimos
y en los puertos se termina la tierra con los brazos abiertos
encontré en el alcohol mi único olvido la libertad
en los cafés cantantes con ejemplos estridentes
con saltos y giros pacientes de tensos riesgos y de excesos
en las salas de espera cigarras hermanas mías
en las pensiones vidas insondables hermosas jaulas en las arboledas
pero recorramos caminos y rompeolas sobre los artesonados cutáneos de los mapas
tantas atracciones de sangre nos han asimilado a las manposterías de carne
que racimos de manos ahumadas han levantado en las prisiones
cabezas que se balanceaban de mano en mano día y noche
inmensa floración de odio en barcos ajados
severo trigo entre decepcionados solitarios
se cruzan brazos lianas y edificios
sobre la paz nocturna un fuerte olor a paz nocturna
y tantas cosas tantas otras cosas
CANTO IV
filtra la flor colador de calvero
gira la fresa su ojo grasiento en el interior acolchado de labios
y el índice del pistilo roza la incrédula herida del cielo
saqueado por los ataques nocturnos de las nutrias
extendido a nuestro lado donde extraños funambulistas se dejan caer en la red
se agarran en el sauce los arneses de la tristeza
que largos días de otoño engrasaron con caricias de hamaca
*
la colada de blancas llamaradas se ríe en su idioma de alcohol
y el insecto cochecito de bebé pliega equipaje y muelles
se va por el camino imberbe donde la palabra borda el corcho
y el árbol liba la resina en las fiambreras de los tórridos corazones
*
un cañonazo tensa los glóbulos rojos debajo de la tienda de campaña
donde los somnolientos cohetes viven en colonias eléctricas
y el anochecer recoge en su delantal con rayos las peladuras del horizonte
el modelador imperfecto vislumbra en cada árbol una efusiva acogida
en el camino imberbe cuya altura borda la palabra
el bosque sin aliento ascendió a la cima del concepto matemático
y ya sin nubes su pecho revolotea en torno a los cucús convertidos en minutos
pero la frescura crepuscular del espíritu pronto saciará nuestra hambre de mundos
y empañará los fragmentos de vida que vamos dejando peldaño a peldaño
en el vacío vértigo que la muerte deja escapar fuera de su órbita
de la mochila tan miserablemente rebosante de escorias sonoras de indescriptibles
castigos
de golpes y fatigas enormes para no llegar a nada
acosados como estamos por las microbianas premoniciones de las ideas
pobres seres incapaces de apartar la mirada del talón de la muerte
cuando el modelador imperfecto vislumbra en cada árbol una viva coartada
el otoño se arrastra sobre unas muletas el viento tartamudea
y las aletas de los matojos ya no lloran en secreto
duerme duerme
el alfa se cierra sobre tus párpados
la semilla de las montañas
el agua te observa
caravana de agua
semilla de mirada
frunce las hojas cejas de las montañas
debajo de los dedos del agua las campanas mimadas se inclinan
el abanico del túnel se abre sobre el seno del atardecer
los sueños tañeron todas las vacaciones
*
tocón barbudo de árbol puño levantado para la lucha contra las sequías
trueno válvula de valles lastimados
monotonía cantarina de los kioscos alineados como tazas de café
e hilos sobrenaturales que suturan vías médicas
enganchadas en los parapetos de robustos cuellos
círculos acróbatas en torno a la muerte fosfórica
el rastrillo de gestos pútridos rodeó lo irreal de dientes belicosos
y tú que te despreocupas de lo que carece de peso y augurio
relámpago sustancial
apenas sonriente al azar de músculos miradas y viento
tal níveas lenguas libando las sales profundas de los precipicios plagados de esferas
duerme duerme
el álamo va a echar a volar
el espino albar va a cabalgar los restos de nube
está mordido el lado de la balanza
donde el paisaje pesa en su baden el dolor a repartir entre los montañeses
flores más pequeñas que motas de polvo
te conducirán sobre un alfabeto de acordeones
y sobre los techos abatibles de las mariposas
duerme transparencia congelada de escarcha
en la abundancia nocturna
y en la cesta clara del lago
son los nuevos violines que crecen en los violineros
son los hijos recién nacidos saliendo de los violines voladores
duerme duerme
huyó la lluvia remera de blanco
*
dispersas en los juegos de llaves de manantiales bajo las alfombras calizas
negras bandas de proverbios rateros vegetan siempre en los aledaños del sueño
y aristas cristalinas cantan en el órgano al armazón dorsal del cargamento
que rumia sus fuerzas
en el confín del olor a alquitrán se movilizan las grandes poblaciones de muebles
carnosos
mas cuando florece el orgullo del pétalo vuelven a ser bosques para la caza
de ciervos
y los géiseres de la flauta y de la conciencia despeinados sobre la frente de
los almiares
enmohecen bajo las sombrillas de paja donde el ecuador cuelga sus nidos
delante del hogar donde el silencio se mezcla con el ligustro estelar
y se desprende la corteza con colores falaces
morenos los frutos se despojan de los forros de luto de las ancianas
que golpearon los cuentos alisios en la balaustrada de los puentes
la música de yeso alumbra la gruta
protegerá el abeto los rebaños de sombra que irrumpen desde las lámparas de acetileno
la feria de las caracolas en sordina
tañe en la cornamenta de mica
se estremece el cortejo de viajes
se estropea el cólquico de manos unidas
crisálida de golondrina
duerme con la blancura prohibida a los lobos
*
y la difusa mitología de nuestras briznas silvestres por conocer
hace que gire la muela de molino con cresta del planeta
una larga caminata de canto de ave completo
y el ámbar íntegro de tu majestuosa angustia
se unen así con las metálicas certezas los días festivos que somos
que aspiramos a ser
combinados en la misma trenza de suaves colinas
desgranan corazones por los nudos cuando el submarinista desciende hasta la profundidad
de los sollozos
siempre próximo a nosotros el olor de catástrofe que la luna esparce
duerme bajo el sobaco de agua
pasea sola
sujeta con fuerza la flor tardía
en el pecho donde campa la soledad de los marineros
la noche encarceló a las retamas
el hombre se deshizo de sus aparejos
los autillos doman el estricto ruido
y coronas de chatarra blanqueadas hasta los huesos
están colgadas por encima de la ira que emana de los fiordos
dispuestas para caerse en el exceso hirviente sus tetas dentadas de pizarra
se engranan con los desvelos de recién nacidos en la cremallera del sol naciente
la amenaza de raptos crueles rompe la sinapsis entre los nervios
bloquea el camino del miedo con hipnóticos manás que rellenan todas las brechas
del sentimiento
y la estruendosa nada se cruza de brazos por encima del abismo embrujado donde
la paz se fuma su dolor
en los yacimientos enmedio de arremolinadas vegetaciones
se embriagan los párpados dentro de la alegoría de las sábanas
echo el ancla del sueño desordenado en la ensenada tan familiarmente llorona por
sortilegios
y nocturnamente las lamentaciones iluminadas en el alambique de las mentiras
mendigan a la tripulación enloquecida la tregua de la tristeza errante
*
está cautiva la razón por una fábula discordante
cual coleóptero que lleva en sí su trastorno fugitivo
enclaustrada en la alabanza de su remedio escondido
sometida a los ritos gigantescos de las vanas pasiones
y el antro donde el insulto decapita al ciervo del juramento supremo
donde se alojan los cráteres infernales donde deambulan las calumnias de
los murciélagos
los pilotos de la contienda rechazan la fascinante expresión de la norma correcta
se derrumba bajo el peso de los troncos ardiendo y de las angustias esclavas
de las furias
y atravesando la delirante distancia entre aguardiente y restos de orgullo
el ejemplo de la venganza pondera el hábil rescate
*
guardián de las chozas inmateriales del descanso
botella sobre la ola preñada de monstruosas inmortalidades
llevas encerrada en lo secreto de tus entrañas la llave maestra
no permites penetrar codicia ninguna por las grietas vulneradas de la tribu de los frutos
pero la eterna agitación es nuestra luz común
y época tras época nos encadena a sus sueños constelados de espigas
paz al margen de este mundo derramado en el molde de las unánimes aproximaciones
y en tantas y tantas otras cosas
CANTO V
de tus ojos a los míos el sol se deshoja
en el umbral del sueño bajo cada hoja hay un ahorcado
de tus sueños a los míos la palabra se acorta
entre tus pliegues primavera el árbol llora su resina
y leo las líneas de tu vida en la palma de la hoja
*
la etiqueta de la planta como una botella de cielo
y en tu corazón también las etiquetas conservan sus secretos
con el silencioso anuncio quedo aplastado y pegado a la farmacia
por la tierra abonada aplastado la enfermedad triunfal de las nubes
derriba el horizonte y se hunde el castillo de mapas meteorológicos
y a qué fin trompeta de las estaciones
periódico abierto en la terraza del firmamento
por donde se filtra desdeñosa la equívoca brisa de las versiones astrales
*
burdo sueño de árboles cansados
sordas torturas los jugueteos de las carnes en su lacerada corteza
furtivos crepúsculos las avalanchas de desnudos angelicales
martillean los días con el paso pesado de tus amores
dejas en el nido de sueño la semilla alada tu pájaro gigante
burdo sueño de árboles cansados
coronas trenzadas de cumbres entrelazadas con nubes
lago corte limpio en la húmeda frente de la tierra
lejos lejos muy cerca de la muerte e inextiguible
en el vientre del sueño que te atenaza con meras obsesiones
se excavan sobre el mapa del pasado los ríos de vida geográfica
burdo sueño de árboles cansados
con un ojo uno sólo vuelto hacia dentro
válvula de las danaides nunca el fulgor llenará el saco
y en tu esmalte lunar dios de sueño escarbaré el paso de las caravanas
cuyos largos silbidos aseguran la salida con niebla
un manantial en el pecho y el inagotable sabor dentro
hacia las mágicas osadías de las palabras que carecen de sentido
cabalgando encima de tortugas prendidas en su corset de valles entre saltos
e hipos
al abrir el cajón de tu fresca voz anónima
lazos encajes de las épocas pulsera de dientes
cuando empujo la puerta del sueño me la pongo en la muñeca
para salir al umbral del día lacerado por latidos y tambores
*
apenas despiertas mis carnes sinceras plantadas en la losa
hacen florecer la tumba abierta por pascuas y por lienzos solares
recogí en el cielo todo el cielo sobrante
en las afueras del pueblo reunido con los animales
cielo en ebullición donde flotan pergaminos y esqueletos
y que lleva del revés los troncos de los árboles a la serrería
abandoné la vida real que desborda con aspecto de elegante caballero en sueño
travestido
los peces de las nubes remontando la corriente de las venas repletas
de licores arrebatados a las llamas que unas férreas manos retorcieron
en las fraguas de los volcanes donde se fabrican satélites para cañones
ropas intangibles acarician la piel del dudoso país
*
por la ventana abierta entran las casas a mi habitación
con las habitaciones en desorden despertadores y ventanas abiertas
las garrafas de los campanarios se desgañitan con la frescura de las encías
bajo la lupa del corazón la hierba teje su vitral
la hierba ofrece la trama y el detalle de sus tejidos
y marchad recuerdos recientes y auspicios de pasadas primaveras y otras por venir
dejadme con mi invierno de cuero en mi subterráneo trabajo
nervios alimentados de ocio constante humedad de astros vivos
de la raíz a la piedra mira el mal
el viento siega la melena de nuestras esperanzas
*
despertar en el límite de los finales de frases sospechosas
despertar límite entro en el día sueño del revés
llegando a nado a la fiesta espaciosa del aire cargado de sinónimos
anduve por el cielo con la cabeza gacha
entre los matorrales de humo de algas senderos lácteos
bancos marinos de termómetros y planetas
donde crecen gorras faros y bafles de gramófono
la cadena de montañas aúreas encima del vientre
el sol un reloj y el escaparate del mundo
las tijeras de las agujas recortan la sombra hasta que anochece
el hombre encoje con el año infinitamente
*
los ríos proyectan su película a través del paisaje
el vaquero adorna su granja con árboles de lazos
el horizonte sin sombrero le sirve de paraguas y su corazón
su amor surge del calor del géyser melena al viento
y la vida se acuclilla cuando vende su piel al diablo
anduve por el cielo con el año infinitamente
seguimos los bosques anatómicos donde se plantan notas
el hombre se encoje con la sombra hasta que anochece
y cae la lluvia de abajo arriba salpica la tribu de los dioses nómadas
anduve por el cielo en el escaparate del mundo
donde las estrellas vuelan de flor en flor y liban la miel de su primavera
de pluma
*
en el fondo completamente en el fondo aunque disimule ve
ve otro ojo oculto dentro
en la confluencia de corrientes de inclinaciones carnales
se olvida el núcleo en sus párpados y pétalos
mientras los carteles arrancan el forro de la pared
pero estos son los anuncios que dicen que no todo está fuera
y recoge las hojas que su otoño desparramó por el suelo
y ya cae la nieve y las iglesias se colocan con esmero en las calles
y los gatos en brazos se convierten en diminutas locomotoras
rodeados como nosotros de pájaros y fortalezas
silencio boreal silencio con los ojos abiertos como una boca
y dientes de nieve en lugar de pestañas
paquebote de casas parado atado dispuesto para zozobrar
en el precipicio luminoso del mar espléndidas catarata y crisis
aunque las ramas hayan insinuado su desnudo cristalino helado por todos los lados
cuán extrañas matemáticas juegan en tu sonrisa junto al fuego empavesado
y navíos surcan el recuerdo de tus arterias
las latitudes de tu cuerpo mordidas en carnes aturdidas
bajo el deshielo de tus delicadas palabras que caen del rabillo de tus ojos navegables
*
y que se abra al fin la puerta como la primera página de un libro
tu habitación llena de indómitas de amorosas coincidencias tristes o alegres
partiré en rodajas el largo filete de la mirada fija
y cada palabra será un hechizo para la vista página a página
mis dedos conocerán la flora de tu cuerpo página a página
el secreto estudio de tu noche se aclarará página a página
las alas de tu palabra me servirán de abanicos página a página
abanicos para ahuyentar la noche de tu rostro página a página
tu cargamento de amplias palabras será mi salvación página a página
los años disminuirán hacia el intangible hálito que ya la tumba aspira
CANTO VI
incluso bajo la corteza de los abedules la vida se pierde en hipótesis sangrantes
donde los picos picotean astros y estornudan los zorros ecos insulares
pero de qué profundidades surgen estos copos de almas condenadas
que enervan los estanques con su pereza tibia
acaso el cisne gargariza su blancura aguada
blanco es el reflejo cuyo vapor se burla sobre el estremecimiento del otario
fuera está blanco
un calvero cantarín de alas absorbe el cierzo en su corola de pavo real
que el arco iris desclava de la cruz del recuerdo
castañeteando los dientes del cielo al sacudir la colada en el río
se arremolinan los blancos molinos
entre los copos de alma que se fuman los opiómanos a la sombra de los gavilanes
*
la boca cerrada se agarra entre dos noticias contradictorias
como el mundo inesperada entre sus mandíbulas
y el sonido seco se quiebra contra la ventana
porque ninguna palabra cruzó el umbral de los cuerpos
está muerto el impulso que hacía hervir el mal tiempo
en los recipientes de las pobres repugnantes cabezas vecinas nuestras
y a pesar del barro urbano de nuestros sentimientos
fuera está blanco
qué importa el odio ya que nuestra fuerza es mas inflamable que la muerte
y su ardor no destruirá nuestros colores ni nuestros amores
conchas y mampuestos en hileras de pisos de proverbios
el sentido es el único fuego invisible que nos consume
desde el origen del primer guarismo
los avicultores hablan un lenguaje sencillo
formado por un alfabeto de pájaros con los blancos exteriores
blanco es el dedo que los pensadores tanto frotaron contra su sien
pero nosotros no somos pensadores
estamos hechos de espejos y aire
y a pesar de todo insatisfechos oscuros taciturnos impermeables
los dientes de sierra que adornan nuestra frente son vecinos de la muerte
y saltan a la vista de una cosa a otra por todo el diccionario
castañeteando los dientes del cielo al sacudir la colada en el río
vómito de blancas cumbres se coagula la niebla alrededor nuestro
y pronto nos envolverá la densa y fangosa materia
y pronto nos absorberá el esponjoso letargo del hierro
que adelanta con prolongada y dolorosa letanía al féretro y a la mentira
surgida de qué mordaz glaciar cuyo blanco externo gargarismo de nube
liba en las raíces de nuestros iris la miel de los siglos venideros
*
marchita por la síntesis la insumisa tónica
y florecida en rizos libre de piel
de estatura alta cual muro
acecha la muerte cotidiana mi jornada es débil insomnio
ríe de cara y llora de espaldas
*
conchas y mampuestos en hileras de pisos de proverbios
se leen de arriba abajo cuidado frágil cristales
las risas trepadoras siembran de tormenta las constelaciones de abejas
y los caracoles huelen el maldito alboroto de los chubascos
ríe de cara y llora de espaldas
porque afuera siempre está blanco
e igual que la trucha luchando contra la corriente superando las presas
en sentido contrario a los saltos
tú remontas tu juventud canosa hasta donde el sol depositó sus huevos
y aunque de cada fulgor plácido emerge una bulliciosa aureola de saludos
no sabemos qué mágica pleamar se lanza a la conquista de nuevos puntos de
retorno
así recoges en unas redes de sombra las voluntades adversas que pasan su vida
muriendo al otro lado
y los continuos muertos que no llegan a morir
el hombre extrae la eterna resta de cada fracción en sí mismo
que le queda por madurar de su negra deuda para con los arduos soles
ríe de cara llora de espaldas
*
amazona de espasmos el cajón antiguo es profundo
como la pesca crepuscular y la ofrenda glacial velaron hasta el descanso de las
palabras allá abajo
edificio pasta urbana
castañeteando los dientes del cielo al sacudir la colada en el río
poca leche poco azúcar poco
a la sombra de zarzas humeantes bajo el porche de tu corazón
canta a media luz un rosario de céreos ojos
y se enciende sin alegría la huida libre en el ojo del volcán
del avión la encrespada depresión de aire libre
amazona de espasmos viento es tu pensamiento relámpago lo certero
tormenta la obsesión botánica tu cama
el ramo de senderos se levanta y marcha en cabeza
y por grandes pendientes se deslizan fáciles las procesiones allí abajo
es el éxodo de hojas hacia otros prados de amaneceres más feraces
así se derrite en la vela tu recuerdo olvidado
la lluvia ha corroído la enfermedad de las devotas piedras
alimento de ratones las guadañas se disputan la presa de los refugios
y la ceniza de los cadáveres conduce a los chillidos de los abismos empotrados
uno en otro
a la sombra de zarzas humeantes a media luz su pérfida inutilidad
*
quién nos señalará la hora acre en que por engaño el tomillo muere
y derrite su color en el agua tierna de besos burlones
en el árbol los frutos escalonan su tartamudeo visual
fuera está blanco
blanca es tu sonrisa también bandera de tu cuerpo más blanco que cualquier
experiencia
castañeteando los dientes del cielo que sacude la colada en el río
si me fortifico en las fuentes indicadoras de libélulas de hierro es porque
si me extravío es porque
amazona de cascadas el tiempo corrió sus primas y riesgos
fui más fuerte y el antes fue mi compañero de mármol
aún se alzan los puños de los árboles muertos
y contra el otoño del firmamento se entregan
es mi esperanza
*
ahora sumerjo tu mirada en el negro fondo de la canción de paja
el vino será mas fuerte filtrado por las vísperas de tus pupilas mariposa
ahora derrito la vela recuerdo olvidado
que vaga con unos laberintos pegados a la sombra de mis pasos
con paquetes de laberintos cargados a la espalda
perdido en mi interior perdido
allí donde nadie se atreve llevado en camilla de alas de ojvido
y a expensas de los cohetes salidos del interior del globo
los blasones geológicos se adormilan en la garganta de la montaña
cuyos cuervos perturban el silencio enigmático
atornillando sus largas y duras espirales de acero alrededor del único vuelo
perdido en el interior de sí mismo donde nadie osa salvo el olvido
VII
cuando la extraña hierba a ras de suelo se hiela
y la noche se desploma al atisbar las costas
cuando el faro se mitiga sobre unos cabellos canosos
cuando oscurece en el llanto del niño que se olvida de llorar
igual que azulea el negro devastado por maleficios
cuando seductor de negro el poeta o su risa
en la sombra se ralentiza despertando al espejo
cuando las creencias con duros colores caen por las montañas
quemadas por pánicos iracundos pasan por encima desordenadas contorsiones
y cariátides
y hunden en el ultraje multitudes carnales – sus rutinas –
cuando – débil farol sobre la cara tiránica de la isla –
la huidiza sirena – arco sin bahía sustancia sin escrúpulo –
extrae del toque de difuntos el fuego nacarado del placer
y del placer la insolente angustia – domadora de perdones-
cuando el deseo – humeante apatía – liba las cestas del sol
socava las esclusas – arranca los ejes de su espina dorsal –
orgullo cazador – oscura mordaza –
husmea las oscilaciones de infelicidad y el aroma ardiente de sus matorrales
cuando ruda y asustadiza – tras una noche en calma –
alarmando los mitos que tapan todos los gritos –
ostentosa resaca en la ruta de las borracheras –
llegas a surgir en la mano – estrella de las balsas andando entre farolillos-
como tú mismo – abrumado por visiones densas
regresas en auxilio de tu corazón en exilio
cuando visión tras visión y sombra recortada de sombra
borrando de las perspectivas la promesa a la que te compromete el retroceso
ya no llegan a continuar el arenal tras tu huella –
los grandes postigos de la juventud se abren
un viento desperdiciando días circula en ti
abiertas las ventanas que dan al frontón de las cosas
recuperan las viejas arengas que te atravesaron
desenfrenadas se contienen las imperiosas preocupaciones
en las amarguras carnales de las emboscadas de líquenes
las puertas abiertas las ventanas sangrando y tu cuerpo
vendido ante los golpes ante la borrascas – en una meseta solar –
ofrecido al mayor al más cruel
pudor vibrante de los días indecisos
*
sospechosa invitación a las palideces australes
bajo la tienda de campaña que se planta con disimulo
el verbo mortal que fundamenta tantos renacimientos sucesivos
se oxida en los arbotantes se oculta bajo tus pies el manantial cantarín y tentador
te preguntas a donde vas con las pesadas herencias arbóreas que sobreviven
y por qué te mueves bajo ese signo
jardín invadido por amores malsanos
las provocativas palideces que encuentran fuera de uno mismo
lo que eres lo que no sabes
insecto que cecea buscando entre líneas
entonces te preguntas entonces te lo preguntas
la flor que cecea e intenta saber
así juega conmigo y me engaña un enorme niño invisible
y me echa de una a otra esquina en el recinto de mis días
arrastrando andrajos de sentido provisional
palideces paralizadas de conocimiento y pozos
*
el olvido el sepultado la fe desaparecida
enterrada en el oleaje los pantanos los frutos
lecho en abundancia de preguntas herméticas
donde engorda taciturno el brote de polvo
la estremecida bandera
cuando el ojo ya no sabe auxiliar
el pájaro madura ante la ruta sin guía
surgido de torrentes de demonios
cuando la soledad saturada de miradas secretas
apela a la vegetación de orgullo
los postigos de tu juventud se abren
y el amor salta a través de la densa tardanza
en vano las alabardas alborotaron el tumulto de brumas
que el augusto poder buscaba – silba silba serpiente –
las llegadas masivas lanzaban sobre ti sus mensajes solares
donde tanto cariño se mezclaba que la luz
parecía coronar el recuerdo incestuoso
*
pánico contradictorio que presiona la balanza de montañas en tu cabeza
sacias de asco la imaginación por la que te sometió la certeza del destino
luz dudosamente capturada – deshojado de visiones –
en lo álgido de tu vista se ubicó la cárcel ojerosa
aquella donde llegan a perderse los pronósticos imposibles
aquella donde llegan a perderse las mentiras de claridad
aquella donde el espíritu ya no puede ni reconocerse
entre el peso y las medidas los resplandores inagotables
donde los peligros se susurran la extraña ayuda recíproca
indómita huyendo por las tangentes de las cordilleras
cerrojo de los miedos
insondable celo
los arpones secretos
*
por qué ponerme en camino – mi camino de dolor –
por qué dar vueltas alrededor por encima del viento burlón
o velar las noches enfermas con el perdón de los lechos marinos
y saquear todo el oro de las fiestas – tamizarlo en la escotilla de tu corazón
– gas de medianoche –
separar los viejos guijarros de las cejas marinas un sollozo que no podría madurar
cuando aparecen palabras voladoras escalonadas sobre nuevos vigores de cielo
que solo tienen un corto desfallecimiento y sumisamente se extinguen
existen palabras fugaces
que dejan un rastro leve rastro de majestad detrás de su sentido apenas sentido
o ramo de haces agarrándose en cada mirada de faro
en la ventana que se ilumina pero que no pierde fuego ni prisa
– y unas estrellas – pero ya hemos envejecido bastante pensado en ello espiando
a las alondras merodeando en torno a migajas de exilio
qué sabemos nosotros – con este duro balanceo sobre las olas mal ancladas al frente
y los vaivenes cojos de los remordimientos que nos formamos
– qué sabemos de ello –
dónde termina esto y por qué visionario recorrido nos proponemos este sardónico juego
al límite de nuestras oscuridades
hasta el frondoso sauce
hasta la criba lejana al acecho detrás de la duda
hasta las hojas secas que pierden las razones por el camino
a modo de insulto al borde de su gracia
y las crueldades perspicaces los sollozos balbucientes de los ruiseñores
y tantas y tantas otras cosas
llevadas en la grupa de horizonte
hacia los sacrificios evidentes de trabajo y pastos
*
la extensión se curte bajo el cariño
y de su silencio se insinúa la intensa espera
la espera de pasos sigilosos que pace dentro de nuestra cabeza
sin aliento ni final
arranca las esquirlas de la lisa mantilla de las dunas
entre las mas amplias entre las dolorosas
trepa la angustia de fantasmas artesianos
hálitos radiantes surgidos de los vocabularios dioses del hogar
que el frio convierte en visibles y nuevos
*
niño amarillento entre legajos de juventudes
y juventudes cubiertas de razones varadas
niño insaciable entre las reliquias
el agua fresca se manchó y todos sus ojos murieron
juventud alborotadora que multiplica los espejos
y revuelve las tardías bravuras de los ecos
en cada paso encontrada y siempre más huidiza
y siempre recuperada y siempre más ciega
parecida a una planta que nos devoraría sin saberlo
entre una felicidad que manaría sin saberlo
parecida a un amor que nos devoraría sin saberlo
parecida a la prestancia cuyo perfil dibujaría con estilo
la corona del árbol se contemplaría en la hoja
y en cada hoja habría otra hoja
y cada hoja tendría el tronco de árbol sin saberlo
en una lengua distinta de aquella con que nos cubrimos
ves el pleno mediodía en el corazón del fruto mordido
y parecidas a las cañas ves las ramas sostenerse y tenderse
a través de los párpados apenas entreabiertos
parecidos a múltiples lenguas
parecidos a las nervaduras ancladas en la hoja
y hasta donde no podemos ver ya – parecidos –
hasta las iridiscencias de parentescos infinitos
eco de formas paralelas se pierde el sendero de voces
en el mar con el tuyo con los ruidos que borra la leyenda
con el ojo expectante de los insumisos
*
el árbol vive en ti y tu vives a su sombra
unos círculos concéntricos fluyen con el tiempo
el corazón una pesada piedra que los ahogados se atan
te mantiene en el fondo de las inefables correspondencias
apenas moviéndose entre los errores
los densos vínculos – oh lentos deshollinadores
entrad por la ventana – la noche vieja de máscaras
deja entrar en mí todas las noches su larga juventud
que ya no perderá pie en este suelo enemigo
*
encontré su sabor algo salado
y perdí sus caminos secretos
el amor abierto como un sepulcro
tantos hombres pacientes lo llevan consigo hasta la tumba
tantas otras sombras
crispadas las plantas y en los herbarios tantas otras vidas noches demasiado
largas
hacen resonar sus rimas delirantes
y tantas cosas tantas otras cosas
quien pudiera leerlas y repetirlas
quienes no pudieron morir ni vivir
CANTO VIII
recuerdo una decepción sinuosa que extraía del pasado su amarga sustancia
navegando sin luz hacia no sé dónde
a veces veíamos abrirse en la frente del canto un espejo como una rígida infancia
que escupía la imagen por el suelo
y destrozaba la juventud radiante – huellas de sangre arrastraban a alguna parte
sobre sábanas sucias por crepúsculos retrasados
unos febriles versos bajo las brasas
recuerdo también era un día más dulce que una mujer
me acuerdo de tí imagen pecaminosa
frágil soledad querías derrotar a todas las infancias de los paisajes
solo tú faltabas en el llamamiento estelar
recuerdo un reloj que cortaba cabezas para señalar las horas
aquellas que aguardan en el cruce los solitarios
en cada paseante solitario se rasga un día el cruce de un día
y tal como la hora de amor viene del aire y al aire vuelve
cada cruce se encuentra en otra placentera espera
con la melodía que a lo lejos cantamos
cada vez más lejana infancia
en la tierra masticada con cenizas en la cerradura de las mandíbulas agrícolas
puerta voraz a la adulta risa de hierro
recuerdo la prisa misteriosa que te empujaba al paso de un tren
sólidas cadenas se agitaban negras dentro de las cabezas
algunos gallos elevaban un canto parco entre cada par de miradas
y los vientos enjuagaban los hocicos mojados los ladridos recientes
iban a estallar muy lejos donde siquiera existía ya memoria
estallaban con estrépito de fuegos sin ruido
recuerdo una juventud serena que reunía en su escaparate
los brillantes suspiros del estallido desperdigado
sin ruido pero abarrotados de llamas
tal como me gustan cuando resucitan unas metálicas lágrimas
lo sabes – adolescencia nívea – te acuerdas
de los peligros que dan volteretas en el aerosol negro de lágrimas
entre las boyas de senos amputados
queríamos beber toda la sangre de las rocas purulentas de sol
que intentaban atrapar las olas con ardientes gaznates
el mar traía unas cicatrices aún voluptuosamente tibias
con cada gemido vaciaba su bolsa de carracas por tanto dolor
sin saber qué hacer acaso te acuerdas tú del ruido que nos unía
de nuestro abrazo que hacía palidecer los malos augurios del fuego
y la esclusa del sol cedía ante el peso de tanta luz
un brote de uva que se revienta
era una mañana más dulce que una mujer que latía de cabo a rabo
vi su cuerpo y viví de su luz
su cuerpo se revolcaba por todas las habitaciones
ofreciendo dioses por saciar a las ciegas adolescencias
montones de niños mutados en grillos sobre inmensas playas desoladas
los tobillos que chillan por una salvaje felicidad
unas ramas charlando en frágiles arroyuelos
vi su cuerpo tendido de cabo a rabo
y me sumergí en su luz que penetraba de una habitación a otra
el árbol con látigos que dejan estrías finas líneas de oscuridad
el cuerpo inmensamente dolorido – era un día más dulce que una mujer
vi bajo las camas
grandes masas de sombras
dispuestas a volar alrededor de los ladrones dormidos
en la palma blanda de sus camas
vi colgadas de las orejas las aureolas
guardianas con puños negros de grandes masas
caminando en medio de la escritura sin descanso
la lluvia rompiendo unas alas grises y prismas
de voluntades breves fosforescentes perdidas entre las carcajadas
su trote que despierta los campos cerrados por la mirada
sin ruido atornillándose sobre la tuerca del brocal del pozo
de extraños jadeos de hierbas alocadas
y luego catacumbas de pájaros los pájaros
huyendo a través de tentáculos sumisos
los hermanos amaestrados en el espejo
los ojos de porcelana pegados en las vallas de las patrias
donde se echa tierra en unos charcos de cadáveres y orina
más allá vi las cejas que se dan prisa en torno a los pájaros – corona polar
y poderosas cataratas de pájaros luminosos
sobre el mundo inflamado por días sin salida
y luego ya no vi nada
alguien cerró con estrépito la puerta
– amiga llorosa al fondo de la bodega –
la noche se acurrucó en mí
*
en veladas de ninfas a ciegas
nieva desde ahora lentamente colmos de noche
color nocturno – sereno de runas –
que solo existan barrancos fustigados por la impetuosidad azulada
el ojo adornado por veletas va a descender de su claraboya
con una alargada estela de silbidos agudos
creeríamos resbalar hacia duras regiones de blancura
donde los carámbanos cubiertos de suspiros de estrecho
reavivan hacia otros mares la inquieta grieta
que la abrupta mañana abre enmedio de la temporada
la traílla de perros lanzándose a la caza
aplastando unos corazones ligeros las chozas de nieve
con los ojos perlinos en el fondo de las probetas
por haber zureado demasiado en la llovizna de los naugragios
contentos en torno a las pendientes
donde el amor lucha enjaulado suda en el hogar
y grita y gime igual que se agota una tormenta en camisa de fuerza
barcos desarbolados sobre mudas arenas
una tos sin ecos golpeando la puerta
el vacío donde el azul ronco bosteza
soplan las profundidades guturales de onda –
lejos es tan maternal el reproche que incuba el silencio en la luciérnaga –
inmóvil y luminoso de tanta tensión
permanecer en pie tempestad a estribor
la rabia conquistó el turbulento espacio
y el delirio flagela los fantasmas de leche
solo existen marionetas que se arrastran en función de los objetivos
la nana ensangrentada de las agonías navales
las experiencias decepcionantes
extenuadas desvergonzadas emanaciones de oblongos gritos de hienas
mezcladas con los frenesís de las miasmas cerebrales
con las esperanzas impacientes por liberarse
era un rugosa mañana de corteza y vacíos caparazones
en la crueldad
las palabras eran tan jóvenes que su sentido resbalaba sobre la piel
y la rugosidad por todas partes no aplastaba la fronda sonora
con el peso de los remordimientos
que la sangre incomprendida rumiaba en la inmensa devastación del mar
*
retrocedí entonces en silencio bajo los portales dañados
la luna se acurrucó en mí – y yo era la noche entera
en viveros fastuosos de roquedal preparados para desmenuzar el silencio
humano
*
las carreteras sordas perdían sus alas
y crecía el hombre bajo el ala del silencio
hombre aproximado como yo como tú como el resto de silencios
IX
lobo atorado entre la barba forestal
encrespada y quebrada por estirones y grietas
y de repente la libertad su alegría y su sufrimiento
saltó en él diferente animal más ágil confirma su violencia
forcejea expectora y se arranca
soledad única riqueza que os lanza de una pared a otra
en la cabaña de huesos y piel que se os donó como cuerpo
en el gris regocijo de las facultades animales paquetes de calor
libertad grave torrente si pudieras eliminar mi carne mi obstáculo
la cadena carnosa en torno a mis plantas vertiginosas tensiones impetuosas
aventuras que me gustaría arrojar por charcos paquetes y puñados
en mi avergonzado rostro tímido de carne y de tan escasa sonrisa
oh potencias que solo atisbé por extraños brillos
y que conozco y presiento en el encuentro tumultuoso
freno de luz que va de un día a otro por los meridianos
no coloques con tanta frecuencia tu yugo en mi cuello
deja manar mi filtración de mi terrenal y sombría criatura
déjala estremecerse al contacto con los terrores corporales
escaparse de las venas cavernosas de los pulmones peludos
de los músculos casi mohosos y de las delirantes tinieblas de la memoria
*
en todas las curvas de la tierra patiné elegantemente gratis
apretando en mi pecho el destino cual monograma
comí bebí
los bordados del cielo se resquebrajan llueven legajos de crisálidas sobre
el convento
y las nubes allá se cubren de alas que incuban
los huevos gimoteantes de mundos embrionarios –
qué brusca aversión atrapará hoy la nieve
porque yo quiero que el plan me atestigüe claridad
son tus labios mi guarida radiante cuando el crepúsculo extiende su firma
debajo del día la página que tantas veces vio rió y sufrió
*
en el doble fondo de la caja de contrabando llevo mi vida
hacia el peligroso explosivo cuya previsión me produce daño
escondiéndome entre las filas de los dioses y las de la luz
topándome con las fronteras de los días de guante blanco
*
se detienen los trenes es el mar las láminas del paisaje se pierden en el mar
el nadador siembra en el agua el grano de su braceo
y ya el fruto del movimiento rodea la latitud y la liba
labra la ola reacia
salen de sus extremidades efluvios que impulsan
su masa de carne que transporta el sueño
a la puerta del sueño al hilo de su respiración
*
en la orilla trajes montones de sol en vacaciones
sólida espuma sostenida por garras de piedra
bailarines sin articulaciones incandescentes copos de nieve jugando con
las vértebras
ojos por las minas profundizados oscurecidos impregnados en su centro
de sal violácea el óxido empolva el abrigo mineral de su reino
*
y sobre frágiles conchas deshojan sus destinos los pescadores
en direcciones en abanico se esparcen los confetis migradores
golpean el mar con alas de mariposas lanzadas a suerte
mientras pájaros hambrientos van a la deriva las carracas alargan su compás
se alejan tanto allí hasta donde la redondez de la tierra se percibe
la tristeza terrestre a la sombra de las montañas de agua y cielo
se levanta la red a veces llena de sortijas y de carrusel de cohetes
y arrastra familias de colores recogidas en el insondable torbellino
pero en el trabajo todo es mediocre precio del hambre de la familia
los cantos de las sirenas mugidos de vías lácteas de viento enemigo
unas tormentas derramadas en los cielos bailan incansables
saltan y tocan el mar con sus cabezas
vacían los bolsillos de la capa nupcial
*
cabezas de granito arrancadas sobre el billar el vaivén y los juegos
restos depositados en la aduana en las fronteras del destino disperso
blancas velas desplegadas implorando paz al vacío
velas blancas desplegadas manos de velas juntas para el rezo
de rodillas la barca con la cabeza baja gime se lamenta
pero si el cielo quitase la máscara de sus ojos para verlos
descargas de rayos de esperanza resucitarían a las víctimas febriles
tanto teme el hombre el rostro de su dios que carente de horizontes tiembla
tanto teme el hombre a su dios que ante su cercanía cae y se ahoga
tanto teme el hombre sin horizontes su muerte que carente de dios oculta su
tumba
tanto teme el hombre
*
pero para qué los grandes charcos de quejas pantanosas
el sol solo conoce su abundancia incandescente
riéndose con todas sus bocas doradas de fuego
se levanta
*
y el lobo enzarzado entre las tortuosas parras
encontró a su pastor el pastor de la constelación divina
y puso en sus confiadas y callosas manos
su fuerza investigadora de inéditas libertades
encontró su pastor al pastor inmóvil
tan enorme que no necesita caminar que está en todas partes
encontró a su pastor al pastor que guía todos los rebaños y todos los pastores
en el amor tan grande que no necesita moverse
porque está en todas partes por donde los demás caminan sin encontrar el cabo
del hilo
sin encontrar el cabo del hilo
el cabo del hilo que cogieron con las manos al nacer
que dejaron en el otro cabo cuando la hora imperiosa
cortó el cabo del hilo con manos crispadas y descarnadas
que otros retomaron pero que nadie supo conservar
hasta el regreso del comienzo por el que vinieron al mundo
el lobo depuso su arrogancia y su prisa altiva carcomido por los años
en las manos confiadas y graves del pastor inmóvil
pastor de olas que cabalgan hacia qué final controvertido de dramas
pastor de lluvias que de país en país viajan
pastor de tristezas irracionales que periódicamente nos ciegan
pastor que conduce nuestros destinos en tantos sentidos
que a veces se encuentran cuando con frecuencia se acercan
sin llegar a tocarse y en locas curvas y zigzags
se persiguen con imanes insatisfechos en sus narices
a la vez sobre senderos escalonados en espirales de diferentes tamaños
pastor de nuestros recelos en los que nos enredamos con los cerebros lacerados
manos que siempre dirigen hacia la muerte la saeta de su brújula
la incómoda existencia que tomamos en alquiler
y en la que intentamos adaptarnos
pastor de los evocaciones guerreras chocando entre ellas
pastor de humildes dudas pueblerinas
de los torrenciales horizontes en las tímidas habitaciones de los pechos
pastor de barcos de pájaros de hipócritas
y pastor también de aquellos que se aman y se cruzan las miradas
luces inconmensurables para siempre de donde nacen la vida y el desvío
te veo brillante como la luz entre el ruido de las capitales
en la hoja del rosal en el saber del agonizante
en la mano que se me tiende en el insecto gaseoso
en el agua dentro de mi sueño florecido de espléndidas banalidades
te veo quieto y sin embargo caminando a través de todas las cosas
arrancando cabezas y sustituyéndolas por otras cabezas de animales
dirigiendo la circulación astronómica y la de los vientos y la de las aguas
y la de la sangre en las subterráneas arterias y de los peces
y la serie de miradas a pesar del desgarro en cada uno de nosotros
nuestras miserias y nuestras fortunas internas se alternan en el juego de bolsa
de la que te guardas las bajas razones y los crueles secretos de las caídas
*
pastor de los adoquinados que van en rebaño por el sentido contrario
en la dirección de la muchedumbre tijeras en constante movimiento
cortando la distancia a la medida de pasos
pastor parado en el nimbo de polvo aurífero
canta plantado en los telones canta ojo frondoso canta
pastor de las jornadas que pasan ojeando el calendario de sombra decreciente
canta ojo frondoso de mimosa en la ventana canta canta
el país frunce el ceño en la embocadura de las fronteras montañosas
ante el acecho del enemigo de granizo de plaga de tormenta de saltamontes
pastor de nieves eternas y más alto en su sillón de nube
hielo quebradizo ventana que asoma al cielo
canta inútil tratamiento toma el pulso de los ríos
fiebre del año canta médico de las estaciones de las razones astrológicas
canta al hombre despojado de la efervescente humildad del hombre
los chorros de flores emergen de los lagos de luz
de las nubes de nieve el diván sobre el horizonte
prepara el descanso del dios que gira inconsolable en torno a su eje
y los rebaños de nuestros dulces sentimientos emigran
hacia los pastos celestiales de la noche
*
el lobo atorado entre la barba forestal
encontró a su pastor al pastor parado
aquel que guía todos los ojos plantados en la cúspide de las acrópolis
movedizas de la fe
el pastor de las inconmensurables luces de donde nacen la vida y el desvío
se alza
emigra hacia los celestiales pastos de las palabras
X
trepa la cabeza rodeada de ecos tras la huella de mugidos fumígenos
que los volcanes recorrieron durante migraciones de mineros
allá arriba donde sólo existe piedra
y frágil trino seguido por soles desconsolados
el viaducto anémico desemboca en el embudo de cal del valle encorbatado
por verjas
y la fauna metálica se agita amargamente en el estanque de herrumbre y pelaje
*
frágil trino de desconsolados soles – remolinos de dunas
duras de romper – pequeños saltamontes en las grietas
que una fiel duda libera de las redes del sueño
y los cansancios que babean en los sofás ardientes donde el sol se pone
rodeado por lenguaraces ansiedades por acompañantes geométricas
por manojos de ectoplasmas por cerrojos que duermen a carcajadas
por traslúcidas escotillas por apeaderos por espacios
por grafitis por grietas con candados – el aire estalla
*
y que al amor suceda el amor perseguido por soles sin consuelo
allá arriba donde sólo existe piedra
enamorado de las suaves laderas brujo de aguas bravas
que la noche tiemble en el fondo de la bodega
que puedas sacar de los bolsillos de los cocoteros
los pañuelos al aire donde emanan los deseos de los viajeros sin luna
sobre ilusiones deformes y depósitos de razas
la luna tiende su toldo de invernadero
y el balandro crecido en el seno de coral picotea el arrecife
con ojos húmedos varados de desencanto
que te esperan
allá arriba donde sólo existe piedra
y con indiferencia se alejan
*
unos cantos voraces enmarañaron las plumas de sus agonizantes medidas
en el puente de mando del navío donde el viento recogió el diluvio de todas las direcciones
que las floras siguieron y abandonaron
tantas vueltas daban lentas primaveras en el ojo compasivo de la bocana
que los escollos habían echado a temblar unas orejas de balsas
que los insectos endurecidos en la luna cocinaban a fuego lento en la impotencia
de los sueños
eran campanas de inmemoriales batayolas cuyas bóvedas abofeteaban las
granizadas de los siglos
el fruto de la pálida arena cerca del pezón de pánico yacía
y el duro acantilado reposaba sobre sí mismo con la barbilla sobre las rodillas
calafateaba su estrella y la luz serena que la dirigía
*
recogedora de colillas en los arbustos de éxtasis
y de astros arrasados arrojados dentro del pozo de los secretos
fragmentos de país de engorro sospechas despedazadas
vacilantes efluvios de resaca
convalecencia distraída de llamaradas de pájaros zancudos
allá arriba donde sólo existe piedra
las misteriosas cubas del embeleso
fermentan el ilusorio trigo de las voces
en las ramas de las cataratas de noche las arañas de las miradas se convierten en dolor
esperanza salvaje lanzada con los bumeranes y las cometas
en la humedad de jade que ningún retorno roza con alas pensadoras
ni con rescoldos de amor
*
y la durmiente – incrédula ante las caricias errantes –
rodeada por pesadillas donde se modela el espíritu
donde ningún avance astilla con un infiel reflejo la estrellada indolencia del misterio
un impulso se abre paso entre fragmentos de refranes que el ruido disimula
hacia la carne infinitamente móvil del sueño
y con indiferencia se alejan
y en el humo parras de humo el humo
caracolea el bauprés pisotea el granizo
en el humo de los pastos extremos donde sólo existe piedra
el humo del sol asciende desde la avalancha de dados
agrupamiento de casillas en torno a ciegos abandonos
colinas planchadas al paso de pesados cargamentos de calores
vacaciones suprimidas bajo la colcha de los forros
rostro desvanecido en los ruidos de los animales
brillo madurado en el cesto de ruidos
y cortando al sesgo el relieve gredoso la torpeza de ese ruido
tatúa la fachada de funestos objetivos
y de amor
*
tantas horas crearon para mí con su frágil cemento tibias en cruz
tantos hombres me precedieron en el augusto surco de júbilo
tanta alma se desperdigó para consolidar la opción que juego
en la celda sin compañeros donde vaga una espesa sangre de remordimientos
tantos suaves frenesís arrastraron los paisajes hacia mis ojos
y amargas conciencias retuvieron al mar de fondo en su tamiz de ansiedad
tantos viajes invisibles se empaparon en mis sentidos
tantos milagros nos unieron
a la flotilla de las palabras – poso de insinuaciones divinas –
de las hipótesis que giran en los crisoles de las medianoches espirituales
donde se rompen las olas de fondo y las del amor se quiebran
y tantas otras se hinchan y se desatan
y tantas otras secretamente se estrellan
*
y que el búho camine y que la noche haga trenzas
y que la noche avance hacia el pie del estanque
y que el roquedal tejido de búhos levante su tienda de acampada
que llegue el frío de boas desnudas a cubrir la paz de la paloma
allá arriba donde sólo existe piedra
donde se endurece la hierba donde los dedos se marchitan
donde la garza teme la corriente donde su sombra crepita
donde caen las joyas y los labios del glaciar vacilan
donde el feto cava el estuche en una lámpara mandíbula
donde el recuerdo sacude al viento de las victorias en cubierta
donde se aplasta la costa peladura del tiempo
donde el oído se vela de oriente de antaño y de desgracia
sobre movedizas vanidades de distancias de cristal
allá arriba sólo existe piedra indefinidamente
y en el alambique de juegos donde vertemos las lágrimas y allá arriba sólo
existe piedra
aquella sirena que suena una sola vez suena extraída desde arriba de una
lágrima en el estay
suspendida de la garganta esputo del viento torpe hasta no poder dormir
desgajada del sol visitada por soles pesada en el mar
*
mientras la sombra mordisquea los límites porosos de la noche
mientras se encienden las fogatas junto a los amigos en los bancos
e indiferentes se dan la vuelta
el cazador de pájaros de cuarzo puede abrevar la enana luz del ábside
con el cuchicheo que rezuma el chasquido de su élitro
pero de qué desorden irreal de criptas y párpados
de qué color amargo del trasfondo de los refranes
habremos acaso obtenido el asco viejo cubierto bajo hojarasca muerta de escudos
y rodeados de escudos invisibles
posponiendo toda vida en tránsito
el hastío – infernal eje – berbiquíes hurgando el interior
su magnetismo zumbante identificando a los caimanes en el caminar sin pisada
acaso habremos alcanzado – allá arriba donde sólo existe piedra – la piedra fraternal
allá arriba donde sólo existe piedra
y contagio en el puerto de talismanes e instintos
*
qué espejo hundido en los golfos nos devolverá en la aurora los refugios vidriosos
unos desnudos fingidos los nombres donde sólo ondea aún la indulgencia de las rocas
los bastiones de la cadena humana esmaltados de mica
cepillan la cordillera de nubes – son los dientes del trueno –
a carcajadas – que nos regala la costra de nieve –
se ríen allá arriba
mordió un hiato en la eternidad que bosteza
y los bancales se agrietan hasta en los corazones de las creencias
las zonas de cerebros desmantelados se deslizan sobre embarcaciones de pérfidos límites
son los cebos de nuestras experiencias - allá arriba donde todo son guijarros –
disgregación polar – charanga cavernosa –
que con indiferencia se alejan
*
futuro friolero -lento en llegar-
un sobresalto espumoso me puso sobre tu huella de mirada
allá arriba donde sólo existe piedra y mantel de tiempo
vecino de cimas arcillosas donde se hinchan los nuncas con ropa alusiva
yo canto la incalculable limosna de amargura
que un pétreo cielo nos arroja – alimento de vergüenza y estertor –
en nosotros ríe el abismo
que ninguna medida aborda
que ninguna voz se atreve a iluminar
inasible se extiende su red de orgullo y riesgo
allí donde no se puede más
donde se pierde el reino el silencio sereno pulso de la noche
así se colocan los días en el número de los desparpajos
y los sueños que habitan a expensas del día bajo su yugo
día tras día se muerden la cola y bailan alrededor
y allá arriba arriba del todo sólo existe piedra y baila alrededor
XI
qué es ese bufido mofletudo que colma la penumbra
al borde del silencio que chapotea entre los ángeles
bordeo el valle suntuoso de bordados
aquel que se extiende en tu corazón emocionado por atenciones
y ganado al juego de los solsticios en soledad con la cabeza alta
peinando los pliegues de la túnica virgen un faro
teme la desnudez terrestre
el órgano derrama avalanchas de seda sobre las paredes desnudas
de crisis e impele la tempestad hacia los techos
respiración más honda que los volcanes
descarga la red de sonidos de tanto amor tumultuoso
donde jadeando se alcanza la altura
jalonada de sarcófagos escala el tímpano y huye
*
el matrimonio del firmamento vergel mirada reciente
medallón de agua dulce donde se calma la sed de los címbalos
sobre los labios de los «buenosdías» esperando que caiga la noche circunfleja
la ceja del mundo arpa de boca la sombra agoniza
frunce la zumbadora cintura de avispa y la corta
*
bajo el sol engrasado la planta puede girar en el engranaje
de vidas y muertes rotativas cuyo espacio está repleto hasta los topes por la
incoherencia
los charcos de ruido se extienden en el lago calmo
y unas pocas hojas algunos cadáveres flotan sobre el denso trance
donde residen las angélicas etapas que el sueño no pudo enviar hasta la luz
el candado de los sueños cerró sus mandíbulas sobre los graderíos del hombre
y no sirve ya la brisa como camisa al jardín cincoenrama niña querida
de repente la dura tragedia y el sacrilegio invadieron nuestra vida
arrancando de nuestros huesos los cortos jirones de reposo
arrancando las aguas de los quicios del archipiélago caracola y demonio
del libro portuario como hoja cubierta por hoja y ola por ola
llenan aún de escrituras de letanías y de cerebros
*
el estrépito de los cristales rotos sumerge al sol en el mar
una noche natal de gusanos una noche la confusión
el juicio final surgió sobre alas vidriosas en nuestra desazón
y derribó el amor tan aéreo que fuimos levantando día tras día en la innumerable
bóveda
se precipitó en el órgano el sonido donde la garganta
atrapado por el miedo el animal se encabrita antes de ser aplastado por el peso de su trompa y los pájaros engordaron desmesuradamente y resbalan en oblicuo hacia nuestras casas se apilan como negros copos y sacos dilatados por el frío y por el hipnotismo
tal es el poder de los ánimos cambiantes que extenúa con indolencias legendarias
la inefable teoría de vocabularios y tórax
algas dormidas en arenas finas
*
en el cielo tachonados los fósiles de los globos
ya no demuestran nada tan fútil es la medida
de la respiración humana acompasada en el perfil de las dunas
ya el vértigo surgido del sueño aquel que recoge cometas y limbos en su rotación
caricia apasionada en los raíles de las migrañas
vértigo de mil nuevas comprensiones
noche anémica lamida por viejos herrerillos de féretros y siglos de eliminación poética
y como la cereza
acaso hemos llorado desde encima de la valla
enseña luminosa la astronomía
comienza el alfabeto de los pasos
las razones para callarnos
*
para qué serviría el espasmo refulgente
cómo se coloca un fondo de abismo cartilaginoso
vidriera es la anémona y vibrante la espanta
sello en la asonancia el anuncio correa
de transmisión de la fe a la nada –
sueño con sospecha acuática gira
está en su sitio la más lejana señal plumosa el cielo
mi apretón de manos sobre ruedas
y que la duda siembre el somormujo
el conjunto de zarzas en filigranas de sebo
bajo el arco superciliar de la arboleda
*
como la inclinada
colindante con la morena
oigo a las que se aprietan en eterna coincidencia
llegan a apoyar mi cabeza sobre cada hombro
aterciopeladas similares pero menos crudas
así enérgicamente aniquila la avenida atravesada por imágenes
el taladro del reloj
*
la lluvia desmelenada resquebraja nuestras conversaciones nuestros antepechos
puñetazos nudos en el largo curso de la existencia
qué hunden clima despejado y espejos
el poste de salida en el campo de carreras humanas
la ubicación de las pupilas nostálgicas hitos del olvido
la luna con sus galas de vesubios embalsamados por murallas de pechos
el órgano derrama su impulso mágico sobre las estrofas
donde resuenan los antiguos pulmones con grietas de lo divino
y las tumbas que bailan con el collar de los gestos
brillan entre los diamantíferos entusiasmos de las venus por los estadios
se embarcan los días y siguen de cerca el paso de los crepúsculos viscosos
el órgano derrama sus señales del azur sobre las paredes de los gongs
derriba la muralla de los párpados cimentada y sorda como el invierno
el rígido trémolo se retira a su alvéolo de soplo
que la oscuridad afónica aspira – los exvotos de bólidos
caen del seno de la noche con mamíferos y árboles
y todas las alcancías en la noche se vacían
que dispara contra todos los pecados sus ruidosas tapaderas
de dónde vino la vocal veloz volando
que prolonga unas flautas estranguladas cuestionarios jadeantes
puentes y adorables aceras
elástica despierta los procedimientos animales quizás las estrellas
y de repente se estrella contra mesetas de carne y zarzales
*
lugar para saltos austeros de musculados coloridos
la locura excavó trepidantes desfiladeros en sus márgenes los refranes de la vida
los obstáculos llorones se arrastran en el desdén del horizonte
la mañana se contrae a través del piafar de las ramas baile de san vito
el prisma arroja de nuevo su aparejo incendiario
una piedra lanzada al agua intenta unas alucinaciones apenas pliegues de olas
en las afueras del día mucho tiempo después del choque
el hombre destroza la víctima de su rencor
*
acechante bajo la hoja la memoria engorda la cara con visiones burlonas
y desentierra escorias y desperdicios
hostilidad todo es hostilidad en torno a nebulosas de frases
y pasión sobre el esmalte de la espada transparente
látigo mordaz de relámpagos ramificado de bisturíes
palabra – en el borde del precipicio endurecida por los siglos
chorro de veneno deflagrante de cumbres abortadas –
la tensión luminosa glorifica unos odios
la aureola de intransigencia que ciega el color viciado
y renueva los conjuros de las controversias humanas
las adherencias de los cortejos de huracanes en la irrealidad molecular
vomitad masacres la maraña de hediondas abundancias y gangrenas
amontonado bajo arpegios lacrimosos en los bajos fondos de los orígenes del mundo
oh ebriedades libradnos de los lodos parásitos y de la perezosa costumbre de vivir
y de tantas tantas otras cosas
XII
deja caer el tiempo tras sí migas de pan cual pulgarcito
siega pequeñas moléculas sobre las praderas de agua
domestica las bolsas de aire atraviesa su selva
corta el gusano de la ola y de cada mitad se ilumina una mariposa
se escabulle en el volcán por una nota de violín
riza el recorrido errante del cristal en delicadas horas de transparencia
allí donde nuestros sueños apuran el alimento canoro de la luz
*
el río que la montaña ensarta hacia el este articulado de riesgo y de porqué
y llena de medallas y holocaustos a todo lo largo de las gardenias
se tensó alrededor de tu bocamanga carretera abotonada por hitos en los soles
vecinos de los campos
más allá de las orillas el arco extiende la sonrisa de la planicie hasta el rictus del glaciar
y la lanzadera del tejedor pespunteada de remos en la ebriedad del ciempiés
cruza los obstáculos calvos y los ojos peludos de las flechas que se ven
pero al otro lado del lago la costura se deshace
como bocanadas de nubes se sitúan sobre el agua los sentimientos regulares de las
canastillas bordadas a bolígrafo
porque acaso no soy yo frenesí el duende que se ahoga al tragar jugando con el aire
gruesos bocados
o trémolo de fuego recorriendo el espacio que vació el eco
huye el viento del molinete el viento rebusca los paisajes los pasajeros
y la voluntad de ser uno mismo anida en el hueco del murmullo su alquiler de renta antigua
*
las bombillas bajo el caparazón de tortuga incuban granos de arena y pecas
el crepúsculo se lleva los adioses del horizonte lavado de fría luz estereoscópica
azotada por destellos navales hace la ronda de la cárcel
y sus caídas de un lugar a otro preparan la electrificación de las miradas
adán y eva se ocultan en el corazón del fruto cogido
dos torres hacen descender subterráneamente del cielo prismáticos de época
con sabor a metales las lentes de aumento de las estrellas amamantan en la entrada
de la cueva
en la roca inmóvil en posición de firmes
cayendo en la desidia del invierno que desenvaina sus espadas
nulidad y desconcierto desgranando con mano firme los árboles en el precipicio
proclamando con aires nuevos las salidas los saltos rapaces al vacío
en la ilusión de blancuras abotargadas por el cloroformo
que la piel del hielo viste al mediodía de sangre
*
adolescente retrasado en una nube de ángeles abandonados
acaso no temes la sorda velocidad del río
que arrastrando las estaciones ferroviarias de ricos collares coronados de rocío
y de jardines puentes objetos dormidos
lleva el sedimento filial aguas arriba de los destinos
bostezando en tu seno atado a inquietantes leonas –
sin embargo el ritmo del hombre desgasta el secreto rubí en la uña
debajo de la sotana hoja muerta acechando al deudor
camina el hombre prisionero en la doblez de su alma
rodeado por vapores de ángeles abandonados
porque en la palma de su día de fiesta
sonaron la hora invisible del espíritu y el estigma del infinito de las voces
la cerradura falsea el sentido
cuando se despiertan los saltamontes de polvo que introducen en cada herida un
corazón arácnido
y unas garras atrapan al hombre en busca de un agradecimiento de ladrillo o de sol
pero pesado por miles de horas a las que la anfractuosidad de la roca sirve como
increíble olvido
alcé mi silencio a la dulzura de la muerte
que su crecida primaveral enseguida nos arrastre
que la cosecha de sus sentidos inunde los nidos de fieltro
donde vigila la canícula aletargada entre las pestañas de tabaco
que su respiración cierre las puertas a los búhos
que una cuchilla paste por la noche el pelo taciturno de las hormigas
se borra el cordero del cielo germinado por las ortigas del granizo
y alcanza la rebelión su pleno apogeo de estallidos y alas ensangrentadas
entre debilidades apenas aún movedizas de los naúfragos
algunas aristas desviadas se dispersan en la inmensidad de las humaredas
y mientras la rabia aúlla ante el luto de la luna
y extiende fétidas oscuridades en las callejas vacilantes
que huyen por todos los lados como riachuelos de vino del barril de la creación
y como los hogares ya no se delimitan en prietas filas de dientes vigilantes
entrechocándose las cabezas los edificios que ningún diluvio puede disolver en ácido
crujen ahora rotos sobre el adoquinado con restos de muletas
y mastican muerte con duras piedras en la cabeza
esqueléticos chirridos abriendo la tumba a los llamamientos desenfrenados
cortando las arterias el descarrilamiento de las trombas que se acumulan
y se unen a nuestro lado
*
dios yuxtapuesto en cada alusión de ademán milimétrico
dios insertado entre las células no me dejéis solo
como estoy – solo plantado en el centro del yunque horario
son vagas tus llamadas los alrededores que aplauden pero suaves
tus manos en las mías cogidas al vuelo de las crisis migratorias
y vive circular la soledad acurrucada en el fondo de la hendidura
encogido en el fondo de mí mismo me observo ausente y me extraño de poder todavía
moverme tanto
en la periferia de la mancha extendida sobre el mantel terrestre
existen aún como yo algunas leves gotas de alma arrojadas por la fuerza centrífuga
y allí donde la caña se levanta en curva daga
se pudren las almas ciegas y cargadas
*
es accidentada la hondonada se reúne contigo dios de penumbra
y soberanas las masas que nos lanzas
pero los tramontanos que nos rigen y con los que límpidos trampeamos
nos llevan más lejos
más lejos más lejos del alcance de tu sonrisa confusa más lejos
más lejos que el desprecio donde tu caridad se complace en prometer la manada
de las tinieblas
más lejos que los sollozos allí donde las recompensas no podrán desviar el nítido remo
de nuestra arenga
y los sustos de errores e impurezas que cultivamos en las frentes de la aurora
impulsan con nosotros frescas y vigorosas perspicacias
los rasgos polares de las antenas
rechazando la carne pútrida y terriblemente labrada de desconocido
se alzan hasta las corduras ya superadas en las esclusas de los sueños
consumiéndose con un insomnio ágil de caza y a la brasa
la transfusión de intrusas dulzuras aquellas de los límites de las vidas y aquellas en frontera
conflictiva con la muerte
*
hombre con las velas desplegadas al viento lanzado hacia el problema de las trampas
el ojo herido de las rocas se queja amargamente contigo por lástima
blanca zozobra como espuma que choca contra la roca
pero el otoño impulsó el suspiro de largos surcos
y mediante ráfagas de burocracia despoja los tejados fluorescentes de las crisálidas
solo quedan mujeres rastrilladas de los periódicos que se empeñan en reavivar las mejillas
de la primavera
impulso irremediable saboreado en la ganga de cada fibra y cuyo fin es un principio
por vía de qué trueno invencible podrás un día descubrir la morada del conocimiento
y más lejos que dios plantar árboles de banderas y de cuchillos
condenado a sobrevivirte doloroso asedio de universo
desbordante de fuerzas aisladas pero impotente acosado por los chirridos de las limas
tan poca cosa eres y tan poco limitado por el deseo estridente
que las vergüenzas maduran en tu seno en innumerables floras
y sin embargo es santa la insatisfacción que te incuba con gesto indómito
germen de inundación altanera de números tiránicos y palinodias
XIII
existe un país muy hermoso en su cerebro
allí donde la promesa de cielo lo alcanza con su mano
está desnuda la piel del cielo y desollada por racimos de rocas
los empinados trayectos de los transportes de zarzas
redujeron los perfiles febriles del aire
y en el depósito de su memoria la colmena de las tribus
maduradas en las pérfidas rasantes
desintegra la espuma jadeante la razón sin salida
su maldita zozobra transita allí donde tu placer acaba crece el vacío
se rompe el promontorio de las sórdidas estepas contra el sendero de dólmenes
ventilador que carraspea en el ataúd de resonancia del barranco
barranco embriagado de fondos llorones
tapizado de delicadas escrituras de vértigos despreciados y de algas
se disuelven nuestras miradas resbalando de vertical en vertical
dibujan unos ojos aceitosos sobre su charco
así te miro yo al pie de la montaña
sentada como la noche dispuesta a extenderse
y sobre los huecos peldaños que hollan tus pasos
se escabulló la muerte hálito de calma
*
pero sobre la pasarela que sostiene en su balanza
el platillo de la orilla y sobre el puente del navío
te tambaleas curso del día
llevando los pequeños milagros cotidianos
sobre la ola de tus brazos y detrás de ti la noche chemeca
con antorchas y la caza mayor llega dispersa
desabrochada al arrojar en fosas y minas
grandes pedazos de obeso oriente
y el viento se levanta apartando la noche sofocante
como gritan pidiendo socorro los ojos desorbitados
y con brazos en alto golpeando los harapos del aire
y destrozada por ataques de chacal en las montañas
la noche se deja caer densa capa a capa
catarata en graderíos de asma descendiendo en los estadios
golpeada vencida muda hasta la apertura de puertas del día siguiente
*
una curva hacia la lejanía lanzada se estremece en la mirada
vuelo de acero endurecido de un pájaro oblicuo
invernal es su revuelo de diamante el pico
disparando su ácido chillido sobre el vidrio esmerilado
que te lleva insondable al virgen abismo
banquete de funeral yacente en un pálido copo de bruma
*
es que no sientes tú el largo arañazo en tu pecho tenso
amplía el efímero humor del violín
esculpido en el talud el hilo del río
pelo perdido una lágrima una hoja de cuchillo
huyó el ocioso lamento de la cresta de yeso
que emergiendo del maquillaje separa los pétalos
y en las planicies preñadas de esperanzas rurales
acumula sucesivamente blancuras de cama
*
las cuevas perforan la masa de tu época
de donde descienden robustas estalactitas
y el frío extingue el aire encanecido
parecidos a la locura los mordiscos calcáreos como los sueños se helaron
al lado de los párpados de la tierra abierta con las uñas
trazaron en tu vida oscuridades sangrientas
cuyos vivos senderos son mi única luz
y en la lejanía de la tempestad del ser está acurrucada la infancia de las pasiones
amontonada en restos de gritos ardientes de miedos
en la raíz del mundo dentro de las cunas de los gérmenes
el hombre anida sus sentidos y sus proverbios
*
tejidos de pestañas los pozos inexpresados en los arrecifes
se refugian por la mañana despojada de duda y de rezo
levanta la tapa de la cárcel de las voces
que incluso a la deriva puedan oler la elocuencia de las impresiones
y desentrañar las convulsiones los saltos mortales de los signos
aferrarse a los cabos equivocados cejas del mundo
que puedan regresar al trayecto del orden
o colmar la marcha de las sonrisas al lado de las caravanas
el suelo que se olvidó en el reloj de los viñedos
fermenta la sal de nuestros abrazos vuelve a la normalidad
la carne preocupada duda latente
*
acaso ves tú en mí la alineación de cadáveres
es el puente de los dolores en filas coaguladas de épocas
la moribunda oscilación de sentimientos que ya no se encienden
al frotar los ojos contra la dura luz ya ves
a pesar del argumento para echar las cartas de lluvia al cubo de basura
las plantas trepadoras de tus venas
luchan con el peso de la luz abrupta
sus dedos espasmódicos rodean mi cabeza y la noche
retira las leyes del carrusel de espinas
cerebro cuyos canales desembocan en el alba
en el nudo del día y de la noche cuando se dan la mano
en el origen de los caminos bordeados por edredones y dientes
el tiempo recorre las calles al lado de las despedidas
mientras sobre la pantalla las charlatanerías del diablo colérico
chisporrotean en fugaces destellos tejidos de agua
y en los corazones los cascabeles de las concurridas charangas
acompañan los años a la conquista de las iras
ahora la cúpula del silencio encasqueta su gorro a la ciudad
un ángel no teme permanecer suspendido en el aire
tras haber tirado la llave por la ventana
cuál es esa sonrisa perpetua que nos observa
y que en las noches estivales llamamos misterio
el secreto en tu oído hace crecer flores y frutos en los pendientes
el alfabeto de tu collar de dientes
eres tan hermosa que ni lo sabes
a la luz de antiguas columnatas candados de rimas
lleva hasta el cielo su carta de amor
sin encontrarla sin encontrarla
el tren rasga el país
*
los lienzos envuelven los plantíos
los planos despliegan sus plumas de pavo real
sobre la frente de las aureolas pero a cubierto
el gran sastre corta las praderas de la tierra
extendidos los rumores de los oasis secan de un polo a otro lóbulo de oreja
desafiando cumbres apopléticas
el pájaro se estrella se precipita de crisis en crisis
hacia espumosos torrentes de crines y desmayos
allí arriba los hielos quebrados en la cabeza del país
repiquetean los gloriosos reflejos celestes
montañas tersas y musculosas sobre las que se encabritan las voces
montañas envueltas en plantas eternas
escudos incrustados en lampiñas carnes
ya que los meteoros se escapan de las cualidades espectrales
corazas arrugadas en los bolsillos océano
montañas peinadas desgarradas y ásperas grietas
el lazo de las laderas en pendiente sujeta el corpiño del valle
los clamores martillean las bodegas del ser
y sembrado de pedrería el lagarto arenoso arrastra su huella por el sendero
desbroza el cristal lleno de crustáceos
recorridos por las guadañas caen
chorros de resplandor los fuertes golpes
en el tambor de los juegos masivos
*
así se hacina el hombre cosechando generaciones perdidas
de los cestos de vendimia
en el saco de la colina que otros tormentos enrollarán ante ellos
cada cual se atormenta de un lado a otro sujetando las bridas de los caminos
rompiendo los invernaderos donde sirven los enanos
cada cual se atormenta de un lado a otro canta
en giros peligrosos
llevando de la mano a las madres y a las plantas
que otros tormentos enrollarán delante de ellos
tumbas de vino girando la tormenta al son de las lluvias
ensordecidos los veranos en nuestros lechos sangrientos
hasta el estallido de los límites en pedazos solares de marejada
los botes se rompen ante el requerimiento de bajar del fondo traidor
por el que resbala fugitivo otro fondo que cae cada vez más bajo
de transparencia en transparencia solo existen sondas astrales que cosechan
de las horas de cristal la celeste mies
pero el hombre se confía a sus penas
y en los graneros de su cabeza las ratas se atragantan de infinito
hombre señalado por puntuaciones mortuorias
barrido en el interior por corrientes de frenesí y de aire
el búho paralizado en tu hombro
mete en tu cabeza su dura clarividencia
la esterilidad del castigo fijo
*
escaso pozo molino que da vueltas por asno funerario
el encabalgamiento de coronas de condolencia
las manos de la escalera mecánica
descargan hombres que se rebajan y se meten en pilas transparentes
en el estrecho sin fin y sin presagio
el huracán retiró la lotería de su noche
retiró las estrellas de sus ojos
y devolvió al mar las campanas nocturnas
y también devolvió los mares
esto es lo que sabemos de los mares devueltos al pozo del cielo
*
sin embargo el halo de luz cuajado
una tiara de incienso en la cabeza del promontorio
floración de trenzados saturninos
e incandescente lámpara de pie tu corazón en la mano
recogido en las urnas desbordadas de angustias
el sol faro que parpadea
tu ojo tras pasar por todos los agujeros los desvanecimientos de las horas
profetiza la sorprendente luminosidad del camino
*
quien nos sacará de los desórdenes de las cosas y de la carne
los aplausos del mar rompen contra ti
dique trágico y rígido en la primera grada del anfiteatro
viejo pliegue de piedra en la sufrida frente del mundo
pecios y ruinas arrojados al mar
y las del mar en el mundo
inquietante arruga de tierra congestionada
amarrada en la garganta de las tinieblas marinas
agarrada a la negritud de la popa atrevida del futuro
enfrentándose a las garras embistiendo a las olas de pie
surco húmedo en el inconcebible ruego del tiempo
hasta la consumación de los siglos
hasta el agotamiento de los ciclones en las bodegas elíseas
pobre vidita que pierde pie cada día
volteada zarandeada precipitada pobre vida
pobre vida hostigada por presagios feroces pisoteada
y no obstante : mandíbula de inquebrantable eternidad y osadía
amurallada y almenada hasta la cumbre de dios
que ninguna mirada pudo escalar
ni calentar ninguna mejilla con ternura humana
pero para qué escalar la cima filtrar las nubes
cuando la ternura humana ya no sabe calentar mis alegrías
qué importa el único amigo la noche el hastío
conmigo va la miga de pan la muerte el amigo
y el grado de frío aumenta en mí cada día amigo
convertido en amigo qué importa la costumbre
qué importa el único amigo la noche el hastío
un día un día un día me pondré el abrigo de calor imperecedero
escondido olvidado de los demás y a su vez olvidados por el resto
si consiguiese alcanzar el luminoso olvido
XIV
alza tu mirada más arriba que los aluviones de las grandes nevadas
alza tu mirada allá donde las mandíbulas se entrechocan por tanta luz dura
hacia las veletas giratorias de los astros tan rápido es el torbellino en su
rotación
que sus radios ya no trituran el tributo del colorete polvo para el cielo
los granos de café torrefacto después de la noche
la harina como las camisas blancas de los terraplenes
qué pluma escribe la extraña carta circular del quejumbroso horizonte
igual que tu mirada centrada persigue en lo más confuso y lejano de los sentidos
se alzan hacia la incandescencia eterna
que asorda la apariencia de las cosas y su simulacro de heroísmo
*
hemos degradado las ideas y confundido sus ropajes con sus nombres
las palabras son ciegos que solo pueden encontrar su lugar desde su nacimiento
su categoría gramatical en la seguridad universal
es muy débil el fuego que creímos ver incubándolas dentro de nuestros pulmones
y el fulgor deslucido predestinado por lo que expresan
*
pero cuando el recuerdo llega a espantar su enmascarado grito criminal
pretendiendo arrancar las letras de las palabras
se sale la paja del colchón de mi cuerpo que tan resistente como dios me agobia
y tan duro oh cielo con fiebre y
y me rompe a lo largo de la férrea estructura
y como un fruto aplastado bajo el pie despistado
lloro hiel liberación suculenta
si pudiese asesinar el recuerdo presa huyendo
qué sucia la palabra cuando se acerca cómo no la estrangulas
antes de que desborde el cubo de la atmósfera
cómo no permanece agarrada a la monstruosa baba de las estalactitas
en el umbral de la sonrisa de las guaridas animales
que el recuerdo se aniquile fulminada sea su gloria y el espejismo
la velocidad contagiosa con la que se propala
alcanza las más remotas aldeas en altura y el horror
*
y no obstante los objetos están ahí consuelo limítrofe de las sensaciones
que sólo sus nombres sean pútridos carcomidos insalubres
la luz nos supone una dulce carga un cálido abrigo
y aunque invisible nos es tierna amante
consuelo
yo canto al hombre experimentado con la voluptuosa fuerza del grano de trueno
que también se envuelve con la suntuosidad sideral del polvo y brilla
consuelo
y cuando uno tras otro hayamos pasado por la puerta giratoria suprema
infatigable girasol carrusel del sol
y cuando la tristeza de nuestra permanencia haya sido barrida de este mundo
del cénit de la cúpula de rayos caerán lágrimas limpias
y el amor será suficientemente fuerte para caminar al lado de la lenta consciencia
de las plantas
consuelo
dentro de las cunas que vuelan donde crece la lenta consciencia de las cosas y las plantas
*
el negro túnel atraviesa la cabeza cocida en un horno
torcido y agitado contra los muros tirado barrido en montones como las basuras
salgo vibrante y vendado por amplios surcos crepusculares
una palabra
convalecencia
seca y mate
acurrucada en el interior de las heridas invernales
una voz descolgada de las cortinas
consuelo
células crudas estratificadas
en el lento infierno de tu cálido abrazo
una voz se precipita y se apaga
una voz dejó la huella de sus cinco dedos de cristal
en el techo
crece su semilla de fuego concéntrico
con el mensaje del fakir luminoso
desgrana mitos y dientes con la mirada
*
ahora bien estalló el árbol de la tierra
y la explosión incluso congeló el resplandor esparcido
pero dentro de mi corazón no se permite que las raíces de instintos veleidosos
salgan con el benévolo alboroto de envíos y palomas
acaso se necesita aún mucho tiempo para afinar unas cuerdas
yo lleno el vaso casi ya a punto de rebosar por tan mínimas quejas
oh dios mío mi violín todavía no es el desenlace que esperábamos
que con el estruendo de los pesos muertos de volcánicos tragos
saltando barricadas y filtros podría un día derramarse
dentro del hueco de tu impasible mano en la base de todo
que quizás sostiene todavía un segundo
frutero de los astros
*
un tronco de árbol situado en el borde
aún fuma nubes densas
y un bosque quisiera arder tan estremecedor es su calor
un hombre quisiera quemar un bosque de hombres
con el ruido de los ejércitos fosforescentes en la noche de mis consuelos
un hombre quisiera llorar a un hombre
un hombre quisiera arrojar su cabeza al río frío su cabeza
un hombre quisiera llorar sobre el hombre
un hombre es tan poca cosa que un pequeño soplo de viento se lo lleva
el hombre
*
pero qué importa el hombre ante el cruce de espadas
como sobre la pista del cielo luchan relámpago y estrella
en los sótanos del cerebro cocinan moho o aurora
pútrida fermenta la artesa en el fondo de aguas viejas
y su sabor a vino en la garganta chispea
mi lengua está seca y mi pecho ávido de nuevos infiernos
que pastan en la pradera aplastada por graneros y vigas
agitando al viento oriflama y palacio
el lenguaje de la bandera salvaje golpea contra la membrana del cielo
y la garganta tan seca del cielo se cuartea como viejas tarimas
cae su cabellera pelirroja sobre hombros cenitales
amarga la moneda escarlata con la que nos paga
la paciencia que tuvimos esperándola
y erizado de picos fulgurantes ladra el tormentoso abrazo que nos asedia
hasta en la fosa del día donde gravitan sus gérmenes en torno a la acritud
algodonosa del vagón de tercera
*
el cementerio rural saqueado
mal demolido manchado por hongo y escombro
multiplica en el fondo fértil de nuestro fervor la red divina de raicillas
sobrehumanas
y aunque la vana sombra se filtre por el delta de humo
y aunque la usura de los muebles nos hable de la antigua miseria
del solapamiento de épocas familias o procesos
llueve sol sobre ascuas solares
y unas barcas solares se ahogan en la germinación de la nada
otra vez sobre la lengua se incrusta el pétalo de sol del placer del marcharse
mi respiración solo se detiene en la frontera del arrepentimiento
llueve sol gruesas gotas gorjean en la frente del glaciar
llueve sol y la calabaza del mundo se llena
un ojo de cristal el mundo flota en el vaso universal
verde su sangre verdes las impetuosas corrientes de jirones y viento
o de leche que alimentan a los recién nacidos en los espacios astrales
y el embrionario torbellino tan lejano
que el pánico llevará ya muerto mucho tiempo
cuando su imagen haya alcanzado el espacio que de él nos separa
así es la canción de aquel que ve ramonear el sol
y en las sienes del mundo se apoyan los labios de la pistola
los números son entonces ángeles destilados en sobresaltos de venas aceleradas
y a pesar de que la ardiente ortiga haya rozado mi frente en dirección al sol
yo canto más deprisa que el redoble de la granizada en el corazón
y angustiado se estremece el párpado que amanece
ventosa agarrada a la frenética carne del año
*
seguid agudos miedos haciendo sonar encima de nuestras cabezas
los chasquidos de los instrumentos quirúrgicos
presagios inefables sondead la impactante profundidad de los pozos
donde acumulamos en desorden conocimientos y lirismos
pero de nuestros puños cerrados y de providencias cimentados
nunca podréis arrancar lo que la prueba del irrisorio grano
aprovecha ante la indecisión de un día de consuelo
detrás leprosas ideas de muerte miserable
consuelo
dejadles a los cultivadores de colores y cielos la suculenta promesa
del hombre que lleva en su fruto la brillante y propicia eclosión del alba
consuelo
cicatriza la esperanza sobre la tristeza de las conciencias taladas
una enfermedad como otra cualquiera una costumbre necesitada
consuelo
pues es vasta la extensión de la llanura que celosamente guardan los aduaneros
de la muerte
e infinita la santa variedad de tu especie
hombre aproximado como yo como tú lector y como los demás
XV
cuando el sol hubo suficientemente saturado de récords a precio de oro
los veleros de ardor e hinchado las ubres de la tierra
éstas se pusieron a arrojarle al cielo su alimento de fuego y abismo
*
en la ladera veteada de acanto y vides
el arado socava la niebla de los duendes en el interior de la arcilla atrofiada por
mimos
mientras que por la oreja del polo el mundo indica agitación
de astros incompletos las boreales sangradas
levas de lavas babean sobre el valle
de aire abrochado a la escarcha son los brotes de fuegos fatuos
que extraen de su colada de metal la miel de sonidos apresurados
y la desesperación incisiva aferrada a la armadura de la noche
soltó su presa tal es el poder de la luminosa advertencia
el viento antaño rígido alrededor de la noche de tu cuello desnudo
traspasó los límites aéreos del eterno rostro
en adelante invita mediante silbidos secretos
a la insinuante aurora a abandonar el baño infinito
y las olas desenganchadas se contraen bajo los pliegues
del acordeón – el estremecimiento absorbe y devuelve las peonzas divididas
los correajes multicolores se dispersan a los cuatro vientos
colocas el violín en el cuello
y luego en las sienes auscultas el deshielo de su palabra
y de repente el pájaro se agarra al cuello de la cabaña
antorcha de deseos frustrados
prende fuego al día que se despierta en nuestros pechos
*
se celebran bodas cristalinas
de donde emergen las frescas espigas de destellos marinos
los carruajes anuncian ya llegadas vibrantes
calderilla en el mostrador de la extraña mañana
y el estanque con soles se traga las afroditas de niebla
la precoz leche de sus veranos salpicando en las paredes de las conchas
estás a tiempo del desayuno de tu vida
tus pasos tejen la desoladora distancia que va creciendo
caminas con la cabeza alta por briznas de hierba
ordeñas la luz de las colinas domésticas
la luz desnuda que se arrastra a tus pies
y que con tu palabra niña vistes de vellón
y antes de que tus rezos hayan trenzado la carretera atmosférica a que se
consagra el eco
el cesto de las carreteras que se encuentran en torno al carrete
ha madurado la época de cogerte en su red furtiva
de donde es difícil salirse y los recuerdos se criban con esfuerzo
*
entonces las lenguas de fuego bordan las grietas del cenit
por donde hiciste raíz en ti mismo y voluntad
una pipa en la boca de la puerta entornada
que tu beso separa en dos lunas crecientes de adioses alternativos
se paraliza dócil cáliz
colocas el bozal sobre el ardiente campanario de ladridos
que con sonoros trastornos explica el abandono
iglesia cogida por la cintura en la ladera de la colina
bañada por la marea de flecos de relámpagos que hilan medias
desembarco de estrellas sin guía ni descanso
su prolífico asentamiento entre nosotros
*
y la mano de dios tantea el pulso duro del timón
regular y sin miedo la sangre azota el zodíaco
mientras de los padres de la novia se alza el digno lamento
amamantado de riesgo de tic tac de savia volcánica y de tren en marcha
aquí la vida se corta como el gusano
y el niño se coloca en la fila friolera
que sigue el eterno gemido de la carne
*
en cada poro de la piel
existe un jardín y toda la fauna de dolores
es preciso saber mirar con un ojo más grande que una ciudad
sobre el hielo bailan los lobos
llevamos su luz en la grupa
en su verdor hacemos deporte e invertimos en bolsa
y con frecuencia cantamos en el tejado
de cada nota suben lineas de la mano al trinquete
baja animales a las raíces
porque cada nota es grande y ve
*
sembrar campanas de alarma en la epidermis terrestre
bajo el árbol colmado de signos musicales
trepar a ciegas por los montículos calcáreos
entre lagartos y losas sepulcrales
cobertizos de resina y yeso
cementerios con olor a trementina
devorados por garras crueles colocadas en semicírculos
abiertas como la risa de las carracas
y roídas por recuerdos de lepras diluvianas
qué saben ellas de la soledad
donde se apagan los caminos de viejas huidas
pasa una sombra la muerte
*
la melenuda brisa barrerá las riberas de maleza y callosidades
y el sollozo que aliena la nube retorcida
se oye sobre el caduco país un luto que pisotea su grito de guerra
en el océano sobre el terciopelo de sueño
la noche al margen pare un barco
*
mañana mañana
mañana sellada con cristal y larvas
mañana de pan recién horneado
mañana de puertas alocadas
mañana guarda de caballeriza
mañana de ardillas y pulidores de vidrios frescos en el riachuelo
mañana que huele bien
aliento sujeto a las estrías del iris
XVI
los eclipses monstruosos frondosos de árboles
triturados sin golpes en los almireces de las lunas
los jirones vegetales de la casa desenfrenada
que la nube arrastra hacia el conflicto con la mirada
conquistaron tu umbría – xilófono de conchas – montaña
cuyas rojizas camas de sol crepitan frioleras de voltios y abandonos
y en las gargantas abiertas a puro de pesadilla
la crueldad del viento cauteriza el rayo y la sed de la bahía
*
la esperanza con múltiples circulaciones clima de nivel paradisíaco
empleó el vagón y en cada viajero hallo domicilio turbio y me aburro
conozco las vergüenzas inhumadas en la dulzura de lugares cicatrizados
en la escala las circunstancias que se corresponden con el hambre de cada cual
en su rebeldía en su humildad dónde estáis ácidas avaricias
avalanchas acumuladas en las encrucijadas de las latitudes
dónde estáis poblaciones inclinadas bajo el peso de dioses absurdos
encerrados en establos adormecedores de anfibios
en lagunas talladas de intemperies y tráficos
y bajo las perspectivas de arcadas en las majestuosas penínsulas de humanidad
sometida a ocultas turbulencias a las tiranías verbales y funerarias
avalanchas de hastíos huecos
dónde estáis dioses apretados en torno a la arcilla de la palabra
con los brazos cruzados sobre el vientre de la caverna conspira la noche magnética
ya con lento hormigueo bacteriológico
que de vegetales nos convirtió en hombres
con mandíbulas rechinando ante la impotencia de vomitar la ira creadora
y el amor también avalanchas sin ninguna posibilidad
entre sus dientes se rompe el intrépido impulso de las dinamos
en la altiva copa de tu edad
aún beberás decimos tantos lívidos años
y tu ebriedad consumirá toda luz
y tus ojos aprovecharán la luz
mediante muy frecuentes deudas de libertad
la luz lava la vajilla interior
de nuestros mezquinos hogares con cada presencia
y la prostitución a la que nos entregamos en los alrededores de las estaciones ferroviarias
donde a cada hora los demás nosotros mismos llegamos cargados de voluminosos
paquetes de vida
*
mi horizonte no rebasa la esfera de un reloj
albero donde la corrida de toros hierve en mi corazón acechado por veranos estruendosos
y debajo de los pasos avergonzados por confesiones patéticas existen flores que se arrodillan
purgan su consternación en los mercadillos ambulantes de creaciones espontáneas
amontonadas en caleidoscopios guardarropas las generaciones silenciosas
agarradas a racimos de pompas de jabón los pulpos
ascienden hacia la ampolla putrefacta del cielo en pañales
y la voz de papagayo cebado atrapado en una puerta
tiñe los chorros de agua actualmente iluminados en que se esparcen somnolientas pasamanerías
de Branderburgo
otra ciudad igual que otro dolor
el tiempo se burla de nosotros
*
calle moldeada bajo el ir y venir de las ruedas
fuelle que rítmicamente aviva la corteza terrestre
el seno de las palabras enamoradas niñeras madres
que se embolsan la codiciosa carne de los atardeceres
manos que quitan de la frente dura la densa capa de pensamientos huecos
llevan a los labios el vaso donde crecen los mundos
dan limosna y degradan la limpia apostura humana
manos crispadas sobre el pecio que traerá el ínfimo cuerpo
pero el pecio es de aire y huye
manos que rezan ante el pecio de aire – sin poderlo capturar –
que expresan a otras manos la inefable posibilidad
lo que el oído intenta con las delicadas e imposibles vibraciones
que únicamente oyen la oscilación del rencor
manos frescas y musicales de descubrimientos serenos
manos experimentadas en salvamentos o destructoras
que ocultan unas lágrimas ordenando los herbarios de notas y hechos
manos que atrapan y doman las fieras salvajes surgidas en cuerpos humanos
forjadas con la tensión de partos celestiales
y también manos que asesinan
en venganza del hombre caído en la obsesión animal
manos cortadas
también existen manos que escriben
paz para unos desencantada gratuidad para otros según el azar de los pozos en que
nos hundimos
manos incendiarias
la únicas que brillan
*
así el proceso se maravilla con la cantante ilustración
cuyo hogar es cifra farol corazón de organillo
y que suscita la región a pesar del agua vigilante
nosotros nosotros la vivisección botánica
canta en los patios
e hincha la extinción del atlas opaco de los oboes
*
se abren los bares a las confidencias y en el interior de las conchas
danzan vibraciones diabólicas por donde el pasado se filtra
entre los dientes fijados en el mordisco de aire
aún escucho el serrucho de nubes
que recortó en el horizonte de madurez los vestigios ondeantes
y en tu corazón el perturbador entorno y el más allá
se oscurece el precipicio y se adensa el hervidero de nadadores en la cacerola
este chapoteo se reproduce en el hombre país seco y sin cultivo
con peleas y amarguras o temblores de tierra
yunque sobre ti las chispas de los ojos se rompen prestidigitador
hombre aproximado como tu como yo
por qué no sabes repartir tu alma como las cartas de una baraja
en mapas geográficos que tus sólidos pies pisarán
comparando la fuerza de los acantilados con la de las ciudades y los nervios
pelando en las escalas de las generaciones los frutos de nuevas épocas oh sequía
subterfugios escupitajos de ángeles pegajosas grasas de medusa
excremento del mar vengador
*
y el molusco lleno de lodo se despierta compacto de epidermis y jeroglíficos
la ciudad abrazada a la boya de sus barrios delimitada por la miseria a penas navega
y todo se derrama en la embarrada mediocridad de donde floreció un voluble canto
cada uno se va detrás del coche fúnebre de su densa existencia
que el ruido en su exuberante fosa común engulle y asfixia lentamente
y reventando el tímpano del tambor de donde salpican las nuevas versiones del diluvio
eléctrico
roza la repentina emanación y el hilo que remonta al origen del ángel
a los capullos de los astros maulladores que flotan sobre la charca de lo duradero
el séquito nupcial en su recorrido enciende desmayos de pulpos lechosos
XVII
imperfectos regresos de prolongadas meditaciones mágicas
de meditaciones a la búsqueda de rupturas y obsesiones
de puntos extremos de luminosas dimensiones
de miradas altas por la fatiga de las nevadas
imperfectos regresos de prolongadas meditaciones mágicas
en las estaciones de aquí abajo
sumergidas en estas algas rebosantes de transparencias
lambrequines de eternidades heteróclitas arrastradas por el fango de aquí abajo
ojo avizor siempre ante el regreso de las cosas
regreso incansable desde lo alto de los sueños migradores
yo vivo la música en el horno donde cocinan las sombras
una lágrima – fría huella de lagarto – nos basta – negligencia cegadora
para alcanzar en cada lámpara el silencio que nos entierra dentro de las almohadas
de la aurora
y llevando la estrella atada a la correa afluente de la vuelta al mundo busca el infinito con
imitaciones que chirrían
no encierres aún la estrella en la vitrina de la mirada
suelta de las gabarras la clarividencia de los fantasmas cuyas manos crispadas de cadenas
recogen el leve vuelo de las fluorescentes profecías de suicidas
y las especulaciones interminables de estudios superiores de atmósferas
lazaretos de nubes
*
bajo la cúpula de alas habladoras quién sabe poner nombre a los dardos de la cueva
la palanca de la noche sostiene en su férrea mano toda la pesada melena encerrada bajo llave
así en tu corazón de miradas alocadas el niño sostiene la balanza
en medio de su corazón esponjoso
a la sombra del poder sin cultivar y tormentoso
y pese a la duda lunar de hipótesis asentadas
en los campos de edelweiss donde crecen escarapelas silvestres
los arbustos enganchados a las cabras desenroscan los relámpagos que la bruma atrapa
como el rostro de anémona liba la mancha de abrupta luna
y como las cejas de lana amarga por encima del templo de sal
se retrasan en intentos de eclosión de proas nocturnas –
corazones de avestruz ocultan la cabeza del paisaje en la arena
y el pincel del dolor resbala siempre sobre todas las carnes
ya sean perlas o chapados
y sobre muchas otras cosas
*
en los confines nucleares donde la nube ovillo de lluvia
exprime el pico astillado contra la jugosa mejilla
de donde caen las impaciencias secretas
los placeres por explorar de estos precipicios de solfeos
en el fondo más lejano cada vez del afecto
se derraman sobre la llanura a la medianoche al segar todos los errores
retumba el infinito color moribundo de la plúmbea noche
del plomizo día
*
el hombre celeste cántaro de donde el sueño chupa su luz de pasillo
cosecha el polen de lapislázuli en el cruce de las avenidas
las jorobas cinerarias – no nos queda tiempo –
el hombre con cascabeles se desconecta del sentimiento cuando se acercan las gavillas
desde el molino
y el pez oreja arrugado brinca en torno al cuentagotas del despertador
aquí está el arco se tensa la reja articulada de la risa – la aurora
y los guantes sacan pequeños filones de verdad de los bolsillos escarpados de préstamos
vitalicios
*
las imágenes están escondidas en los vuelos de oteo de los albatros
y a su encuentro se dirige el corazón destornillador
porque yo te abandoné hermoso dobladillo de sol
en la cortina de la ventana vacía sujeta con jardines de arco iris
y aunque el horizonte de mi pura voluptuosidad haya permanecido para calentarte
con el calor lamparilla de tulipas cerca de ti
enlutada de abejorros de nubes el ascua de las canciones
serpentea hacia la inefable desesperación de granito
el deshielo de los días – los arroyos se alteran
y el corazón destornillador se dirige a su encuentro
*
y cuando tal la sal sube a la superficie del agua tu edad
filtrada a través de tan largas melenas femeninas y de humaredas de trenes y barcos
los hangares de los años de escoria se vacían en el valle
y contra billares sin dientes se chocan las casas de los traperos
y los cerebros asfaltados
ocurren también oportunidades que la naturaleza ofrece en desorden
instintos sin hilo de absurdos desarreglos de asfódelos
espantapájaros con alma que no dejan acercarse a ningún consuelo de gaviotas
de leche
viejos jardines revoloteando desolados en los faralaes de los estremecimientos
las medallas de espuma aplastadas contra los restos de almenas
que indican a las Estigias de nuestros conocimientos diluvianos el camino a seguir
bordeando unos asteriscos autumnales
y cuando el heno fermenta junto a unos silbatos
que se cuelan sin motivo en los profundos estallidos de risa
mostrando unos dientes de estalactitas rociadas de ceniza
y con terroríficos bostezos de crustáceos
la trémula llama de las dagas asciende por escaleras de araucarias
sobre altas escalinatas pobladas de cúmulos
de aéreas precauciones de vocales enclenques
de cojines canoros de abscesos de luz que revientan y de vientos
donde a cada paso el problema de nuestra realidad roza la ira de razones de azur
y locura
y de tantas y tantas otras cosas
*
no cierres aún los ojos
cada envidia permanece en secreto en los estuches de vallas bajo las capuchas de
los pastos
y por la boca sitiada por injurias de clarines y petardos
llega a caer el sudor de las manos de resina
*
los poros de la tierra se abren con los de la piel
y las manos separadas con heridas de obuses aún blandas
agarradas a la tierra por temor a que se eche a volar como una sábana
aprietan su rigidez de sucia mortaja
no cierres aún los ojos
las letales cabalgadas de la soledad
y este impulso que repercute en mí manchado
se rompe en mí contra las paredes se rompe
tan impetuoso como un chorro de sol violento que salpica
que hunde el almirez en la garganta sorda del pozo –
ojalá que este impulso anónimo con el rictus torcido por no conocerse
por no poder arrancar la noche profundamente hundida en el cráneo
pueda reunirse a través de túmulos y políperos en torno a la mesa familiar
los dos eclipses con manivela de orégano pueblos arrasados
la caza en ola negra que difunde el conocimiento brillante
el cielo estancado de mentiras
y el amor destetado de amargura bajo la cúpula
y la sonrisa de esmalte inyectado en vena
la guitarra mordaza de recelos estridentes
la sencilla herramienta en la mano del desierto de rafia
el origen corregido en el alma industrial
que cede a la droga de una juventud futura
qué insospechado crimen y qué sobrio dolor vegetal
sabrán un día de zafiro apaciguar mis monstruosos deseos
mis monstruosos deseos de cielo corrosivo
de hombre perseguido por los mordiscos sepias de ídolos violentos
mientras su vida se desmenuza bajo la lluvia común de las tentaciones
ciega ante los conjuros de encantamientos esos panes de ilusión cotidiana
en la explanada del sueño en las lechosas incertidumbres de larvas
donde lentamente fluyen los jugos de nuestras doctrinas de inspiración y muerte
*
entonces qué vejez expulsada de los fondos crapulosos de los infiernos
nos acecha también en el rincón del sol por donde nuestro camino pasó o pasará
algún día
roncando ambiciones aún ignotas provista de purulentas paciencias
y en la gangrena de los pastos que disuelve la boca del color de poniente
se prepara la llegada del espíritu a las señales muertas de antracita
y se dirige a su encuentro el corazón destornillador
*
y que sean nombres de flores las orillas de expresiones mezcladas con el oro de las islas
las costumbres de los caminos rumbos de graves sentidos
donde todo es verdad y el jardín de las hespérides no va más lejos que un apretón de manos donde los lenguajes hacen espumar a flor de piel su poso
y todas las supremas decepciones y sus fogosas conductas
sellan el banquete pagano con silencios rocosos
ya sea la usura prodigiosa de los clamores
ya sean las vacilantes aspiraciones quienes circulen en las herboristerías del sueño
y los bambúes gravitando alrededor del acrobático ceremonial de los remos
es tan lenta la navegación del espíritu que a las solemnes muestras de melancolía se confía
y a la elocuente linterna que presagia tantas emociones en el flanco de la noche
con las solemnes muestras de melancolía
qué importa – el junco de los prodigios traza senderos nuevos
en esta tierra de corazones – su imperio
no cierres los ojos
de donde salen laberintos y elásticas emboscadas de carne saturada de demencia
y si abres los céfiros a los lados solemnes de la melancolía
no te estremezcas – el circo engalanado con campanillas de pagodas se ofrece a la peonía
y las conmociones usaron la silla de montar de las cascadas orquestales
tantas noches encendieron su pipa con los resplandecientes estribos los vientos místicos
que tomaron un respiro en la base de tu palabra
no cierres aún los ojos
en el criadero del sol se eliminó toda la música
crecieron las raíces hasta las torturas de orbes esporádicos
y alojando las costas y las avalanchas de metáforas
los ojos de los números se llenaron de tiempo llamado al juego de las artes
*
y el amor humano amasado bajo la costra de desprecio
que coagula en su férreo vientre la desconsolada palidez de las cárceles
y el miedo que aumenta en las escaleras verdaderas
se inventa y se extravía en el ojo del jabato
y los quiméricos sollozos encajan sobre zancos
el odio que anida en la memoria del vino
se desprende y se encuentra en las horas de sílex aterido
y la pena – cáliz arrugado – como el rostro agrícola del día inmemorial desea
y bebe – prolífica temporada de sepelios con las sienes relajadas –
y que sea el dolor del viento llevado a la frente de níquel
quien llene el olifante de oscura arcilla de líricas pasiones de clanes perturbados
se igualaron las cifras mientras va la inmensidad de los instintos
a este divino estiércol – las carroñas
y que sea el corazón quien va a su encuentro de amor o pesar
siempre existirán tantas y tantas otras cosas
no cierres aún los ojos
ni los de los demás
XVIII
las huellas de tus pasos invisibles en el mar
levantan unas pagodas temporales de agua
jesús de aire fermento de espléndidas aureolas y sembrador de pájaros
cadena que sube hasta la hélice de las nubes
trepa impalpable suspiro diablo nadador
hacia el cuello de la botella del circo
tus palabras provistas de velas alcanzan todos los puertos de la memoria
el ferry une nuestras dos manos que se buscan en el heno del sueño
mano – abierta diadema del corazón abierta con coronas de frutos
dulce palabra que descansa en mi mano mágica frescura
enterrada en el cormorán con su seno volador con tornillo de signo astral
la luz se expresa pierde sus pétalos
*
rebaño de ciudades y pueblos que pastan a la sombra de un dios herbívoro
un dios no mayor que una hoja de roble
no más pesado que un chirrido de grillo
no más rico que un ojal dorado de agalla
no mayor que un nicho de diamante
y cuántos inútiles sufrimientos en esta flor de archipiélagos e islotes
tumbada sin ruido con algunas gotas de agua en el azur
mundo continentes océanos prisiones
*
y se entablan tan difíciles relaciones entre apariencias y arquitrabes
hombre algo animal algo flor algo metal algo hombre
relaciones con su vida independiente al margen de la de las voces y las orillas
relaciones que crecen se desvanecen planetarias
se hinchan con tumores vegetan o lentamente perecen
de las que estamos rodeados faroles con lazos de alambre de espinos
coraza demasiado pesada para marchar a la guerra contra ese falso uno mismo
el nervioso el nunca satisfecho con la muerte
el desconocido en el fondo de sí mismo que ahuyenta mis días ciegos de esperanza
*
algo de oro espolvoreado entre bosques y lagos
los malos instintos somnolientos en el perezoso fondo de los cántaros
no es suficiente esta paz
yo quiero la lucha quiero sentir la quemadura del destino cuyo dios de feria selló mi
corazón
sentir el aliento tibio cuerpo a cuerpo la injusticia la batalla
y vencer la pesada obsesión – peso de tantos vínculos oscuros
cara a cara y abrirme camino a través de los diabólicos esbozos de mohos
y de tentaciones solapadas que condimentan el rumor que tantos otros masticaron antes que yo
lo desconocido
*
los troncos de árboles contienen planisferios sin hojas con todo su esplendor
los postes telegráficos tienen alas de mercurio en los tobillos
pájaros blancos sirven como hitos kilométricos
las distancias salen volando en sentido contrario
y en los frascos de los volcanes desfilan los submarinos en largos collares de peces migradores
y sin embargo en el tren siento sobre mis hombros tan ampliamente maltrechos por el desierto
el peso del ganado mitológico conducido a los mataderos del tiempo sereno
molinos de viento molinos de tormentos
que trituran las regiones hiperbóreas donde se secan los primeros amores
lenguas de cielo que siegan las chimeneas de fábricas entecas
los ríos se acercan a tu oreja y cuentan la historia secreta
todos los oficios se reunieron en torno a la profética proclama
alrededor del dedo en los labios de la señal meteorológica
el hocico florido del árbol olisquea la tormenta que sigilosamente llega
y no obstante continúa el tren cavando en el aparato morse a través de países y voces
muchedumbre blanda intercambiando palabras de carne y hueso
cuando la palabra es tan querida por cuantos la necesitan
palabra que espero palabra en pepitas en la anfractuosidad del puerto
junto al enjambre de tus dulzores eventuales
somos tantas abejas innumerables cuyo vuelo fue encarcelado por tus promesas
y en la brisa tierna y salada canción de los que se colgaron del cielo
cuyos cuerpos ulceran el viento y los abanicos de los harapos rozan los témpanos
el humo de la máquina ahora ladra y atrapa el fuego ventilador
rueda de la muerte en barco así son los circuitos cerebrales
que giran sobre sí mismos hélice de los dolores humanos
y tantas tantas otras cosas
*
pero el cese del silbato se torna amenazador
arroja al diluvio por la borda
en los naufragios la invitación secreta se duplica con avatares de sirena
y nuestros amores arden en la llama del velamen
lejos los ríos fertilizantes con cantos tupidos rodeando el tiovivo
y todos los hogares que subían a las gargantas en las venas de los barómetros
penas de amor siglos de amor cartas
cartas que se quisieron escribir con savia de las entrañas
pero que la edad cogió al vuelo vacías en busca de encantos
cementerios que hinchan de recuerdos los odres los muertos
y toda la amargura que no pudo salir de pulmones demasiado ligeros
lejos en los periódicos la tan esperada sección de sucesos
solapando sus vidas a las nuestras pese al país por el oscuro discóbolo arrojado lejos
impaciencias volcadas al fondo del saco dentro del abismo
las serrerías de hombres los rápidos que llevan cabezas torcidas y atontadas
es aquí donde conducen el tren y el pensamiento
aunque se llame muerte es sólo un cuento para niños
y la muerte no es sino un cuento para niños
yo espero a que el muerto me diga que su vida se ha acabado
y hasta la próxima muerte de muerto en muerto la ruleta saca su rojo y su negro
su azul cielo su rosa con la cola de serpiente con rima y cascabel
y pertrechado con todo el confort del amor triste mecánica
ruleta del meridiano cuál será tu próxima parada de muerte
ruleta puesta en música y en movimiento por el humo de cigarrillo
que en el espacio virgen rodea continentes nevados
y tantas tantas otras cosas
*
pero siguiendo tus pasos en desorden sordamente se debaten los dramas
son los espíritus unos alientos venganzas improperios
para que tus dedos puedan continuar su curso a través de las pistas musicales
tanto aceché tu triste verdad en el florilegio de colores
que al final alrededor del cuello se enrolla el pañuelo del arco iris
y agarra la sombría plenitud el látigo arrojado del polo
siento en mí estrellarse contra el muro la desesperación de toda la ciudad
sollozos en incendio que caen desde arriba huidas terrores porquerías
siento en mí estrellarse contra el muro la desesperación de toda la ciudad
crueldades locuaces ofensas enfermedades maldiciones
siento en mí estrellarse contra el muro la desesperación de toda la ciudad
horrores disfrazados infiernos asfixias de hollín sudores
muecas de tormentas cataclismos contagiosos avalanchas tumbas
*
yo espero espero la paciencia de mi destino alcanza el pábilo de la vela
los últimos latidos de polilla lo que me queda
que la sombra clavó primero en mí y que salió poco a poco
y poco a poco trituró la piedra y poco a poco la se atragantó en mí la confesión
espero acurrucado en mi humildad subalterna
la ayuda del ramo de rayos sordos
espero que la imprudencia divina eche su dado enamorado
sobre mi cabeza cuyas raíces van ya a su encuentro
la virtud aguda del número que salga y me lo enseñe
espero que el apocalíptico medio de transporte
llegue a arrastrarme en su torbellino de infinito y de oro
que al fin la profecía del orden se cristalice en la muerte
y tantas tantas otras cosas
XIX
la tos convulsa de las montañas calcinando los escarpados de los barrancos
con pestilentes rugidos de acueductos autumnales
el desmonte del cielo gratuito que fosa común atrapó con tantos pastos
los lenguajes de las nubes las breves apariciones de mensajeros
en sus matojos anunciadores de supremos clamores y obsesiones
las inquietas fábricas subterráneas de químicas lentas como canciones
la intensidad de la lluvia su telegráfico hormigueo originado por concha rumiante
los reventones en vivo de los picos de donde emergen espumas detergentes
quebrado en todos los paisajes y en las trampas de valles burlones tentadores de patrias
los paseos sin dios de las corrientes de agua
las temeridades de sus proezas contra la oscura base de arcilla
los olvidos de esencias ahogadas en el olvido de cifras y cajas
en fibrosas mazmorras aglomeradas de espigas y campanas
donde hilanderas de inquietudes se desvanecen en la sombra que tirita de errores
y descubren los párpados de los témpanos sexuales de los espectros
la tosquedad de los muros de piedra con huesos escalados por mil dedos
entrelazándose entre trenzas de vilano
y la oscilación de temperaturas incitadas por desmesurada mirada
vuestras amabilidades levantan en mí meandros muy suaves de fácil oráculo y de sopor
y rocoso en mi ropa de esquisto dediqué mi espera
al tormento del desierto oxidado
y a la potente llegada del fuego
*
golpeada en el mutismo basáltico de los ibis
agarrada a las bridas de los ríos subterráneos
entregada a las locos bosques de hidras
donde los sermones de densos estíos gargarizan rivalidades soñadoras
la noche nos traga y nos arroga al otro extremo de la guarida
que remueven unos seres que la gramática de la mirada aún no ha delimitado en el espacio
del mañana
lentas circunferencias de corales
degüellan las grandes horquillas de rocosas voluntades
los escotes en tu corazón hace un tiempo cargado de gravilla de hambriento
y cuántas cabañas al abrigo de tu frente escribieron el largo responso de espuma sobre el pecho
que cae arruinado por acumulación de futuros
cubiertas de confusas taras mezcladas con emboscadas de lianas
cuando los bancos de turbios peces se infiltran de muerte opaca y melenas
*
íbamos por zonas pantanosos mitigadas por la atención
despacio alerta a los monótonos baches de los fenómenos
que el ejercicio del infinito imprimía a los bloques de conocimiento
pero la escamosa estructura de la opiniones dispersas
en la infinitud mojada de diademas – los campos –
desdeña de las certidumbres su pulpa sensible
por un rápido beneficio de aumentado suplicio
*
golpeaban las hachas en risas alazanas
y los discos de las horas volaban al ataque
estallaban en la cabeza de rebaños aéreos
nuestros motivos en retirada detenían su diáfana turbulencia
y los retorcidos trayectos temporales que ellos rastreaban
se incorporaban tentaculares a la presión de la hiedra
*
allí abandonábamos el lujo y el dogma del espectáculo
e inmolábamos con otros impulsos el deseo cobrizo que sus frutos nos descubrieron
segad adamantinas insistencias los vanos paisajes que elaboraron mis sentidos
en pie sorda alucinante desconfianza
sobre el matorral de mi ser todos los caminos te son francos
transporta lo que la ebriedad del reproche aún no supo devolver
y todo lo que pude comprender y en lo que ya no creo
el gargajo de lo que no pude comprender y que sube a mi garganta
el sargazo arrastrado por el implacable trabajo de las profundidades
en la flor del triángulo incisa en la pupila
la guerra que mi aliento pierde sobre la rígida página en blanco
y la ósmosis de odiosas ideas
las tristezas cribadas de persistentes semilleros de seducción
las tristezas edificadas sobre pilares al abrigo de diversiones
y la cabaña aterciopelada de polvo
y la de un alma condenada
y tantas tantas otras cosas
encontradas o enfermas
porque escabroso en mi ropa de esquisto dediqué mi espera
al tormento del desierto oxidado
a la potente llegada del fuego
*
unas manos extrañamente separadas de los racimos de manos transparentes
mezclan dominós de estrellas en la sabana son corderos
y cortezas de nubes aplastadas por olores náuticos arrastran
a la mesa del cielo abarrotado de eucarísticos juegos
qué juegos qué salvajes alegrías nutren de consternación tu andadura en el cielo de
aclimatación
donde animales y planetas ruedan enredados con ojos de opio
tumbado de un extremo a otro del acuario tu corazón tan luminosamente herido de
silencio
con los minuciosos artificios de las cuchillas dedicado
incrustado de gotas rebeldes de vino y de palabras impías
se empapa del vaivén de los éxtasis en la congestión verbal
cuyo tifón estigmatizó tu frente
*
esculpida está en lo sucesivo la proa de las murallas según gesto de natación
pero ahora tus ojos guían el ciclón
altiva tenebrosa intención
y sobre el mar hasta el límite de las veladas de pájaro
tose el viento hasta el límite en que se descarga la muerte
prometéicas cataratas de ecos atronan en nuestras conciencias entumecidas
es sufrir cuando la tierra se acuerda de usted y le sacude
perro de pueblo maltratado y pobre vagas
sin cesar regresas al lugar de salida desconsolado con la palabra
una flor en la comisura de la boca una flor tísica abucheada por la amarga necrópoli
toneladas de viento se han derramado en la sorda ciudadela de la fiebre
una quilla a merced del impulso aturdido qué soy yo
un lugar de salida desconsolado al que regreso fumando la palabra en la comisura
de la boca
una flor golpeada por la rugosa fiebre del viento
y escabroso en mi ropa de esquisto dediqué mi espera
al tormento del desierto oxidado
a la potente llegada del fuego
*
cuando las ramificaciones del azar con el poder de su sonrisa sujetan las amarras
cuando llamamos a tu corazón – allí donde sólidas mordazas se hunden –
polvorienta y acre polilla – opaca intimidad – qué sé yo – obra de la noche –
cuando la jarra de zumbidos de enjambre de reptiles golpeada
donde se ensañan los requerimientos de intemperies masculinas
gruñe a la larga gime
un lento horno de constancia invisible – el hombre –
un lento horno surge de la base de tu lenta gravedad
un lento horno surge del valle de los principios glaciales
un lento horno de aleaciones inefables
un lento horno que conquista los hogares de lúcidas emociones
un amplio horno surge de las esclavas toses de las fortalezas
un lento fuego se reaviva ante el miedo enorme de tu poder – el hombre –
un fuego se embriaga de las alturas donde los cabotajes de estratos escondieron
el gusto por el abismo
un fuego que se eleva suplicando en la escala hasta las suciedades de gestos sin límite
un fuego que ladra chorros de lamentos más lejos de las hipócritas sugestiones de lo
posible
un fuego que se escapa de los mares musculares donde se retrasan las huidas del hombre
un hombre que vibra con presunciones indefinibles de laberintos de fuego
un fuego que trama el intenso levantamiento en masa de los caracteres – se pliega
armonía – que esta palabra sea expulsada del mundo febril que visito
afinidades feroces minadas por la nada cubiertas de asesinatos
que aúllan por no derribar el callejón sin salida plañidero de jirones de flamencos
dado que el fuego iracundo varía el bullicio de sutiles ruinas
según balbuceantes modulaciones infernales
que tu corazón se agote reconociendo entre las vertiginosas salvas de estrellas
y escabroso en mi ropa de esquisto
consagré mi espera al desierto oxidado del tormento
al poderoso advenimiento de su fuego